Las decisiones de Estado no son de claroscuros, son entre distintas tonalidades de negros

Por Vanessa Rubio Márquez

Soy servidora pública. Eso me define desde hace un cuarto de siglo. Pese a todo el vapuleo que nos hemos llevado en los últimos tiempos, estoy cien por ciento segura que somos muchos más los buenos servidores públicos que aquellos que han traicionado la confianza y la honorabilidad.

Estoy cierta también, que las decisiones de Estado jamás son fáciles, nunca se toman entre blanco y negro, siempre son entre distintas tonalidades de negro. Y para eso debe estar uno preparado, tener cabeza, tener corazón, pero sobre todo tener temple, altura de miras y mucha responsabilidad, querer el bien mayor y no la fama pírrica.

Sé también que todo quien no estuvo en el “cuarto de guerra”, tiene información parcial. Siempre son sólo unos pocos, los menos, quienes conocen todas las aristas de las decisiones más complejas del gobierno. Con la información que disponemos hoy -que ha sido bastante contradictoria y errática, hay que decirlo- , tengo los siguientes comentarios:

1) Para el Presidente debió haber sido la decisión más difícil que haya tenido que tomar como Jefe de Estado y de Gobierno hasta ahora: dejar que asesinaran a militares, a sus familias y a civiles, o “liberar” a un perseguido de la justicia de alta notoriedad.

2) Si cualquiera de nosotros se hubiera enfrentado ante tal decisión, muy seguramente hubiéramos optado por salvar vidas pese a lo nefasto de la acción, lo riesgoso del efecto reputacional a nivel nacional e internacional, y lo peligroso del precedente.

3) Jamás, jamás, debió haber ocurrido la situación de poner al Presidente de nuestro país entre la espada y la pared; entre optar, o por los militares y sus familias, o por una acción muy probablemente ilegal.

Esa es la verdadera tragedia, la ingenuidad, la negligencia, la soberbia, la incapacidad que formaron una “tormenta perfecta”. Eso es lo que sí debe tener consecuencias, lo que debe ser minuciosamente investigado y deslindado, tanto jurídica como políticamente. Mientras tanto, no es momento de regateos políticos, no es momento de polarizaciones que a todos nos dañan, no es momento de culpar la decisión final de manera maniquea, ventajosa e injusta.

Es momento de tomar decisiones para que estos lamentables hechos no sean pasados por alto y se asegure que jamás vuelvan a ocurrir; es momento de asumir responsabilidad y dejar de culpar al pasado; es momento de consensuar una estrategia nacional de seguridad que comience a dar resultados efectivos en el corto plazo, textualmente, las vidas de los mexicanos están de por medio; es momento de darle respuestas y no excusas a la población.

Hay que tener la humildad de estrechar manos, remangarse y ponernos a trabajar por el bien común. No le fallemos a la gente y comencemos a dar resultados. #TodosSomosSinaloa Primero México.

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