No hace falta una bola de cristal (ni una app) para adivinar el futuro

Por Eduardo Navarrete

Para ser leídas con: “Fantastic Cat”, de Takako Minekawa

La función evolutiva del ser humano se emplea con maestría para entender nuevas formas y atajos para llegar más temprano a la oficina (y volver esos diez minutitos, veinte en la cama) o para ver cómo uno puedes empacarte más gorditas y sopes sin sentir los estragos morales de las enemigas de estos tiempos: las estúpidas calorías.

 

Pero pocas veces el vínculo de la atención con el mundo es puesto sobre la capacidad que tienes para influir sobre tu devenir. Esto es, reconocer que lo que hagas, invariablemente tiene consecuencias. Guste o no.

Puede ser que debido al intenso aferramiento a ___________ (elige la palabra que quieras) se nos estén yendo algunas pistas acerca de lo que podría pasar con el futuro. Partamos de la premisa de que somos inmensamente repetitivos. No tienes idea cómo, pero inconscientemente (autómatamente) conservamos zonas de confort o simplemente apelamos a ser animalitos de hábitos, pero lo que es inaceptable es vivir en automático, de otra manera carece de sentido estar con vida.

Preguntas al aire:

¿Cuántos pensamientos has tenido desde que te levantaste hoy?

¿Ves lo que te permite la emoción?

¿Dirías que reaccionas o respondes?

¿Piensas antes de hablar?

¿Escuchas antes de atropellar con tu opinión de todo?

¿Cuántas etiquetas has puesto a lo que ves, sientes y escuchas hoy?

¿Cuánto tiempo dirías que tienes de presencia mental en promedio al día?

¿Con base en qué te relacionas con el mundo?

El futuro inicia con un punto de vista, pero si ni siquiera éste es tomado en serio y a propósito, muy difícilmente será vivido con propósito y por ello habrá pasado en “piloto automático”.

Por ello es muy factible que el futuro sea como tu presente en ese aspecto: si no sabes ni quieres prestar atención al presente, el futuro no tendrá por qué prestarte atención alguna.

¿Por qué es tan complejo entender algo que en realidad es tan simple? Aquello que siembras, cosechas. Uno piensa que las reglas de este tablero pueden ser excluyentes en el momento en que se toman esos mil pesos “prestados”, especialmente porque no le cae un piano tan pronto guarda su nuevo dinero en la bolsa.

El punto es que no se cosecha el mismo día que se siembra, lo que de alguna manera vuelve más interesante este juego, pues te obliga a hacerte responsable de tu mente mismo y tomar la determinación de estar en el mundo de una manera constructiva, responsable y por lo mismo, presente.

Pero si sigues pataleando y maldiciendo a quien se te cruce (y a quien se deje) por lo que te pasa, a manera de mal de ojo personal, para un instante y piensa si esa apariencia que se presenta como apocalíptico problema lo hace como algo absoluto, fuera de tu designación.

No vemos las cosas como son, sino como somos. Con eso tiene uno para hacerse responsable de su estado mental y por ende comprender que no sólo puedes predecir tu futuro. Puedes fabricarlo.

** Las declaraciones y opiniones expresadas en los contenidos de la sección Opinión y de todas las columnas y artículos, son de exclusiva responsabilidad de quien las escribe y de quien las firma, y no representan el punto de vista de Publimetro

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