¿Te convertiste en el terrible ‘Sr. No?

Por Yazmín Alessandrini

El mundo actual nos ofrece innumerables posibilidades para vivir permanentemente sumergidos en la frustración. La empatía, cada vez más escasa entre los seres humanos, ha ido menguando a grado tal que prácticamente todas las personas, hombres y mujeres por igual, a diario nos enfrentamos a circunstancias que irreductiblemente nos arrojan a los brazos de la desesperanza, la desolación y la depresión.

Y no, no es que ser humano sea de naturaleza negativa, pero lo cierto es que a la luz de la cotidianeidad prácticamente todos, de manera consciente o inconsciente, acabamos nuestros días en números rojos.

Sin embargo, bajo este contexto, resulta sumamente genuino hacer los siguientes planteamientos: ¿Cómo es que los individuos, con el transcurrir de los días, poco a poco terminamos instalados en el llamado “lado oscuro” de la vida? ¿Ser optimistas o ser pesimistas es una elección personal, se puede decidir ser lo uno o lo otro? ¿Qué tanto nos afecta y nos condiciona en nuestro proceder mostrarnos como personas negativas?

Todos sabemos que desde la configuración más elemental del comportamiento humano todo se genera a partir del pensamiento, por lo que todo cuanto sentimos, decimos y hacemos está profundamente vinculado con lo que produce nuestra mente.

Ciertamente, como lo hemos leído y escuchando en varias partes, “somos lo que comemos”, pero también “somos lo que pensamos” y en base a esta premisa tenemos el compromiso con nosotros mismos de ir al fondo de nuestros sentimientos y nuestros pensamientos para escudriñarlos y descubrir qué es lo que nos convirtió en seres de actitud negativa para prácticamente todo.

En un escenario ideal todos deberíamos ser sujetos de una capacidad persuasiva inconmensurable, transformar en hechos concretos y tangibles todo cuando imaginamos y deseamos, pero la realidad siempre acaba por decirnos todo lo contrario. De ahí es donde surgen la molestia y la frustración porque muy rara la vez conseguimos lo que nos proponemos.

Prácticamente nos negamos a todo. Cuando coincidimos con algún amigo caminando por la calle y nos saluda preguntando cómo nos va, lo primero que se nos ocurre responder es “de la patada, muy mal, muy mal…”.

Salimos a buscar trabajo y en lo único en lo que podemos pensar es “no voy a encontrar nada para mi y si encuentro algo, seguro me van a pagar una miseria”. ¿O qué cuando conocemos a alguien que nos gusta y queremos acercarnos a esa persona? Vamos con la mejor de nuestras sonrisas y un ramillete repleto de derrotismo: “No me va a pelar”, “me van a batear”, “soy muy poca cosa”, “no tengo nada que ofrecerle”, “nadie me va a hacer caso, estoy más feo que un carro por abajo”… los ejemplos son interminables.

Cuando en nuestra mente a todo le decimos “no” es  porque en definitiva nos estamos programando (consciente o inconscientemente) para que todo nos salga mal y nunca podamos establecer situaciones en las que podamos salir favorecidos o beneficiados.

En la PNL (programación neurolingüística) los especialistas de esta disciplina aseguran que nuestras palabras son decretos y éstas, por lo mismo, siempre deben encaminarse a pensamientos, acciones y sentimientos concretos y positivos, para que todo aquello que se relacione con nuestra existencia vaya en sintonía con aquello que deseamos. Por eso, hay que sacudirnos todo aquello que nos obstaculiza en nuestro camino hacia la plenitud y la felicidad.

Y no olviden que todos los sábados a la medianoche los espero en su programa “Exclusivo Para Hombres”, que se transmite por Telefórmula (por favor chequen su sistema de cable predilecto para verificar la nomenclatura de los canales).

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