Crisis en la CNDH

Por David Olivo

En la última semana ocurrió lo impensable. Un fraude, un sabotaje voraz a la democracia mexicana, uno que desmembró la calidad moral del organismo autónomo más caro para las luchas nacionales. Ocho días le bastaron a la Cuarta Transformación para erosionar un espacio donde la libertad pesaba más que cualquier otra cosa.

Y mientras a la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) llega una titular con poca credibilidad y un servilismo al poder, en el Senado queda una elección cuestionada con aroma a autoritarismo. Ahora sí, el dedo presidencial pesó más que la división de poderes, pues fueron los deseos del propio Andrés Manuel López Obrador (AMLO), los que dieron el primer empujoncito a Rosario Piedra Ibarra para entrar en la elección del nuevo ombudsperson.

Pero fue la viciada votación en el pleno de la Cámara Alta la que lanzó a la activista hasta la cabeza de la CNDH. Y al crearle una ficticia mayoría calificada, Morena acentuó su desprecio por los perfiles especializados en la materia y le negó la entrada a una nueva época para los Derechos Humanos en México. Nunca hubo en el Senado una votación donde saliera ganadora Piedra Ibarra; nunca.

Lo que si existió desde el comienzo fue una tramposa estrategia que contó 114 votos, en lugar de 116. Y con una complicidad grosera se intentó burlar al resto de las fuerzas políticas; pero no, porque desde el primer momento los senadores de Acción Nacional se lanzaron a proteger la independencia del organismo y después a cuestionar el proceso, ya que se había entrado en la ilegalidad.

Fueron estos argumentos los que obligaron al coordinador de la bancada del partido del presidente, Ricardo Monreal, a reconocer la verdad, pero no a aceptarla, ya que engañosamente anunció la reposición de la votación; sin embargo, la propuesta fue rechazada por su propio Grupo Parlamentario. No era más que una simulación para controlar de una vez por todas a la CNDH, institución que le era molesta al actual régimen.

Sin más que engaños y fraudes, se remodeló la dirección de la Comisión sustituyendo la independencia por un logo gubernamental. Una vergüenza que somete a este organismo a obedecer, dejando de lado la crítica, pues Rosario Piedra Ibarra es militante de Morena.

Y no nada más eso, sino que es dirigente del partido desde 2015 y al menos hasta octubre de 2019, cuando el proceso de selección ya había empezado. No puede ser la nueva ombudsperson. No puede por la sencilla razón que mintió sobre su relación con el partido en el poder y que tiene un conflicto de interés con el gobierno de AMLO.

Ahora habrá que enfrentar las renuncias de hombres y mujeres de convicciones al Consejo Consultivo de la CNDH como Alberto Athié, María Ampudia González, Mariclaire Acosta, María Olga Noriega y Angélica Cuellar, pues estas figuras verifican las sospechas. “…me opongo a esta imposición a través del partido en el Senado y por ello renuncio al consejo por ello y seguiré luchando…”, así lo expuso Athié.

Parece que para la Cuarta Transformación la democratización del poder es un tema sin importancia, pues el interés de este régimen es concentrarlo. No se puede ser juez y parte, no se puede proteger al ciudadano de las injusticias propiciadas por el Partido en el Poder cuando se es parte de él.

Es esta estafa, la que preocupa a diversos miembros de la vida pública que ya se manifiestan contra este robo a la libertad que en cada frase de la narrativa gubernamental dejan ver el camino que la 4T piensa tomar: la autocracia. La defensa de los organismos autónomos es prioridad y no debe ser minimizada pues hoy fue la CNDH; mañana, el INE.

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