La meta en seguridad está lejana

Por Kenia López Rabadán

El tema de la seguridad ha sido sin duda el más complicado para este gobierno, pues los índices de violencia y delincuencia en el país siguen a la alza. La estrategia de seguridad del gobierno es algo que pareciera no conocerla nadie y por lo que hemos observado en los últimos meses sobre todo, no existe más allá de la famosa frase de Presidente "abrazos, no balazos"; por lo tanto, la promesa de bajar los índices delictivos en un año (que por cierto estamos a días de que se cumpla) se ve muy lejana.

Es evidente que todos los mexicanos queremos que la violencia disminuya y que nuestros gobernantes definan acciones que garanticen que los resultados deriven en una disminución palpable en los niveles de inseguridad. Situación que no ha resultado de esta forma con la estrategia implementada por el presidente López Obrador y los encargados de la seguridad de este país, y que lamentablemente lo vemos cada día con más noticias sobre ataques de grupos armados, desaparecidos, homicidios, feminicidios, trata de blancas, extorsión, y una lista que pareciera interminable de delitos tanto del fuero común como del fuero federal.

Eventos como los últimos sucedidos en Michoacán, Guerrero, Culiacán y Sonora, dan cuenta de que la estrategia del gobierno federal para disminuir, ya no digamos eliminar los índices de violencia, no está funcionando y se vuelve necesario y urgente aceptar la existencia de un error, así como reconocer que una estrategia integral debe incluir políticas públicas en generación de empleo, programas que acerquen a las personas a la cultura, mayor educación, deporte, entre otras acciones para reforzar el tejido social, rubros que desafortunadamente sufrieron disminución en el presupuesto para 2020, y dejar de lado medidas que promuevan la imagen y procuren la popularidad de una persona.

Hoy más que nunca, el Gobierno Federal debe cambiar lo que está haciendo para combatir decididamente la delincuencia con todos sus recursos, si no queremos que eventos tan lamentables y lacerantes para las y los mexicanos, como el ocurrido en Culiacán, Sinaloa, hace un mes, en el que el presidente y el gabinete de seguridad se vieron totalmente rebasados por los delincuentes, se vuelva lo “común” en nuestro país.

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