La curiosa teoría del valemadrismo

Por Eduardo Navarrete

Decir "Me vale" significa curiosamente, que algo te importa menos que poco. 

Pero no es que en realidad te valga, ¡te vale madres! Como si tu madre se distrajera para que pudieras decir esto y te regodearas con su significado sin que te toque un chanclazo causal.

Pero como parte de la intención de la Escuela Valemadrista es restar seriedad al mundo, sea por hartazgo, cinismo o por simple convicción, hay que elegir con cierto tino el norte de tu valemadrismo y aceitar la maquinaria. De otro modo, quien valga madres providencialmente será otro.

Hice un examen de realidad durante las dos semanas pasadas con el fin de valorar qué tan valemadristas podemos llegar a ser, pero lo que más me impactó, no fue el nivel de lo que ya sospechaba, sino ver lo repetitivos e indolentes que somos. Como ciudadanos, como especie, como responsables de nuestra propia biomasa. Nos valen madre tantas cosas que no deberían valernos (y viceversa). Tal vez el problema radica en la calidad del estado mental con el que llevamos a cabo esta importante categorización.

Por eso el mundo es de ellos. De los claros en el arte de saber lo que les debe valer y mantenerse alertas sobre lo que no. Tarde o temprano, y usualmente es más tarde, esto cobra sentido y proporción y en ocasiones hasta podría parecer que para eso viene uno aquí a estar vivo.

Un listado rápido (a manera de ejemplo, nada más) de lo que podría valernos y el mundo sería infinitamente más feliz:

  • Los políticos y sus historias para pretender convencer al mundo, de lo correctos que son
  • Pretender tener razón. Todo el tiempo. Bajo cualquier circunstancia.
  • Deificar y aferrarte a las posesiones materiales y pensar que son "tuyas". Algún día verás que no
  • La obsesión por nimiedades. Y en eso se nos va la vida
  • El diálogo interior. Ese chicle mental que sólo hace que construyas Ilíadas de la nada
  • La torcida noción que nos aleja como especie a partir de diferencias que nos podrían unir
  • El aplauso y el reconocimiento público. Ego al servicio de la importancia personal
  • El más leve movimiento en redes sociales. Evidencia la más ténue falta de movimiento en tu vida
  • La constante proyección mental al mundo que hace que creas tus propias visiones y versiones
  • La necesidad de aprobación de propios y ajenos. Nunca es demasiado tarde para tener una infancia feliz
  • La idea del pasado y del futuro. No existen. Y si no atiendes el presente, serán parte de esa culpa
  • Culpas y arrepentimientos. Otra versión de un diálogo interior, pero más tóxico y ocioso
  • Lo que sea que no sitúe a tu mente de manera clara y enfocada en este momento

Nuestro problema es que no sólo ignoramos estos 13 puntos cotidianamente, sino que los situamos como ejes y estructura para conducir el tránsito vital. Habría que exportar al territorio de ese valemadrismo, todo aquello que tendría que estar ahí. El tema es que te vale lo que no tendría que valerte y le das importancia a insignificancias. 

Para muchos, el que les valga madres algo, los sitúa en un estado de libertad bajo caución de sus propios condicionamientos. Por ello la palabra: vale tanto la educación inflingida por la madre, que a los hijos les cuesta, a veces una vida, abandonar sus espacios seguros.

A uno le puede valer crecer, pagar sus impuestos y hasta saber qué va a ser de grande (siendo ya grande). Ese tránsito hacia la adultez productiva en el que maldices haber querido madurar antes de tiempo, suele poner en perspectiva las contradicciones de tu cuerpo en el mundo.

Y es que ser valemadrista te pone en un estado de franco diálogo personal. Uno el que tienes que hacer diagnósticos y tomar decisiones. Uno en el que expondrás tu futuro a una cuenta "T". Por eso debería existir la materia Valemadrismo 1 y 2 en la Secundaria. Sólo que eso de tomar responsabilidad sobre ti y conocer los rincones de uno mismo no es necesariamente interesante para la educación formal.

Dada la naturaleza ilusoria del valemadrista entorno en el que vives, aprovecha cualquier día, a partir del detalle más pequeño, para evitar trivializar tu propia vida. No hay instrucciones para saber el balance preciso del valemadrismo. Pero serías muy estúpido si eso te valiera madres.

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