Las benditas/malditas redes sociales

Por Yazmín Alessandrini

Para bien, pero también para mal (para “muy mal” de hecho), la tecnología, el internet y las redes sociales llegaron, nos guste o no, para reconfigurar las relaciones humanas. Prácticamente no existe un solo punto de ese planeta en el que no hay una persona que en algún momento de su día tenga que utilizar una computadora (portátil o de escritorio), un teléfono inteligente o cualquier otro dispositivo para estar en contacto con su pareja, sus familiares, sus amigos, sus colegas de trabajo, sus vecinos, sus compañeros de universidad, etcétera.

La premisa de estas herramientas que supuestamente fueron inventadas con el propósito es facilitarnos a vida es, simple y llana: Estar comunicados. Sin embargo con el uso y el abuso de éstas lo cierto es que hemos dado paso a entornos sumamente complejos y complicados para muchos de nosotros porque prácticamente nos hemos vuelto “adictos” a estar permanentemente en línea y también a dejar muchísimos cabos sueltos sobre nuestra vida personal e íntima, ignorando por completo el enorme riesgo que estamos corriendo y el peligro en el que ponemos a nuestros seres más queridos.

Y todo porque lo único que nos importa conseguir likes, followers, tuist, retuits, adds, emojis… dejando así al descubierto la imperiosa necesidad que tenemos de ser aceptados por los demás aunque en la mayoría de las ocasiones nos ponemos bajo el escrutinio de gente ¡¡¡a la que jamás hemos visto en persona!!! ¿¿¿Pueden creerlo???

Desgraciadamente, las civilizaciones occidentales actuales se definen por su falta de valores y por la total despersonalización de la gran mayoría de sus componentes, los cuales priorizan por sobre todas las cosas el consumismo y la inmediatez; buscando en todo momento lo que el artista plástico Andy Warhol (1928-1987) definió como los 15 minutos de fama y que toda persona anhela para no transcurrir toda su existencia en el anonimato.

Y las redes sociales es justo lo que proveen a sus usuarios: La oportunidad (sean o no famosos, sean o no celebridades, sean o no personas públicas) de desarrollar, aunque sea de manera ilusoria o ficticia, la sensación de que somos importantes y relevantes para ciertas personas con quienes compartimos la coincidencia de que ellos también buscan lo mismo que nosotros y creen, al igual que nosotros, que lo podemos obtener a través de la aceptación, el apapacho y el reconocimiento que recibimos a través de las redes sociales. Pero la realidad es que todos sabemos muy en el fondo que esto es pura ficción. No existe.

Por eso, es muy importante que podamos entender de una buena vez que lo mejor que podemos hacer es darle un buen uso (y no abuso) a las redes sociales, porque de no hacerlo estaríamos condenados a que nos suceda lo contrario: Que las redes sociales nos utilicen a nosotros.

Así las cosas, reflexionen cuánto tiempo están pasando conectados al Internet, qué actividades trascendentales de su vida cotidiana están descuidados por construirse una vida cibernética que a nadie le importa y los peligros que están corriendo al ventilar varias de sus intimidades y permitiendo que su privacidad sea violada por desconocidos que lo único que saben hacer es adularlos por medio de los likes y los follows para conseguir su único y letal objetivo: Destruirlos.

¡Cuídense y cuiden a los suyos!

Y no olviden que todos los sábados a la medianoche los espero en su programa “Exclusivo Para Hombres”, que se transmite por Telefórmula (por favor chequen su sistema de cable predilecto para verificar la nomenclatura de los canales).

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