Sexo consensuado

Por Yazmín Alessandrini

Las interacciones sexuales han cambiado mucho. Hoy por hoy, la manera cómo los seres humanos nos vinculamos en la intimidad dista mucho de las dinámicas que, por ejemplo, se vivían en el Siglo XX.

Hombres y mujeres, parejas heterosexuales y homosexuales, en menos de cincuenta años han visto cómo su sexualidad ha evolucionado hasta presentarnos sinergias que si bien a veces parecieran muy liberales y poco convencionales, lo cierto es que al mismo tiempo nos presentan patrones de comportamiento que en muchas ocasiones dejan en claro que todavía existe mucho machismo, misoginia y poca sensibilidad, principalmente por parte de los varones.

Y para botón de muestra simplemente podemos tomar el tema del sexo consensuado, del cual muchísimos hombres no tienen la más mínima idea de los elementos que lo definen y lo perfilan. Los devastadores coletazos que asestó el movimiento #MeToo tanto en México como en Estados Unidos y otras partes del mundo dejaron en claro que las conductas sexuales siguen siendo un tema espinoso aceitado por una voraz industria de consumo que todo lo cosifica, principalmente a las mujeres.

Bajo este contexto, resulta sumamente fácil que millones de hombres (a quienes ancestralmente se les ha inculcado el fallido concepto de que vinieron a este mundo a conquistar y a apoderarse de todo aquello cuanto se les pare enfrente) se enmarañen al momento de tener que interactuar con el sexo opuesto y que esto arroje como resultado que su proceder vaya contaminado, ya sea consciente o inconscientemente, de patrones dominantes, violentos y agresivos.

Por ello es sumamente importante que todos, hombres y mujeres por igual, debemos entender que cualquier tipo de actividad sexual siempre debe ser consensuada por las partes involucradas, porque si no existe ese consentimiento mutuo de por medio en automático se está cayendo en los escabrosos terrenos de la violación y la agresión sexual.

Pero, ¿qué es el consentimiento sexual o en qué consiste? La respuesta es sumamente sencilla: Todos tenemos el derecho de establecer nuestros límites personales y eso incluye el ejercicio de nuestra sexualidad. Esto nos permite tender puentes de comunicación con todos nuestros semejantes, por lo que al momento de participar en alguna actividad de tipo sexual es de suma relevancia que dialoguemos con la otra persona con la que nos vamos a involucrar íntimamente para saber si está dispuesta y en sintonía con lo que pretendemos o deseamos.

Por principio de cuentas, señores, valdría de mucho si logran aterrizar antes de proceder que siempre se van a presentar escenarios en los que deberán de echar mano de toda su asertividad para comprender si una mujer está o no dispuesta a tener intimidad con ustedes.

Así las cosas, bajo ninguna circunstancia deben obnubilar su juicio con situaciones relacionadas a la forma de vestir, la ingesta de alcohol o drogas, el historial de parejas sexuales de la persona que ha despertado su interés sexual. Inclusive hay coqueteos que para nada llevan implícita alguna carga interés por alcanzar interacción intima. Por lo tanto, lo más recomendable es no caer en problemas de comunicación con las personas con las que interactuamos, porque eso nos puede conducir a problemas de violencia de tipo sexual y eso es muy peligroso y perjudicial para las partes involucradas.

Y no olviden que todos los sábados a la medianoche los espero en su programa “Exclusivo Para Hombres”, que se transmite por Telefórmula (por favor chequen su sistema de cable predilecto para verificar la nomenclatura de los canales).

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