No. No me voy a poner el suéter

Por Eduardo Navarrete

Para leerse con: “Cold Cold Cold”, de Cage The Elephant

Por generaciones hemos sufrido la tiranía y dominación del suéter no solicitado. No importa si tienes frío o estás sudando, la instrucción materna no acepta reclamo (si es que sabes administrar sabiamente tu condición de vida).

Se nos ha dicho a todas edades, a toda hora y en las más penosas situaciones, que nos pongamos el suéter. Este comando, resultado de una confusión térmica ajena, se suma a la cálida tradición de "estar con el pendiente" y “porque lo digo yo. 

Aunque estuviera nevando y a 18 bajo cero, uno podría mostrar que cuenta con las credenciales para darse cuenta de ello o para pagar las consecuencias de enfermarse, porque esa era su voluntad calculada al salir a la calle sin suéter.

Recordar algo lo materializa. Será cuestión de unos estornudos y otros moqueos para que traigas a la mente la imagen preventiva de tu mamá. Pero como la necedad es más fuerte que la verdad, habrá que combatir al fuego con fuego y volver a salir sin suéter para mostrarle al mundo que uno prefiere tener razón que ser feliz.


Hay unl mantra popular para la gripa: "Se quita sola". Cuando extrañes ese suéter y tiembles de fiebre, antes de consultar un médico, pierde tiempo y dinero intentando tés exóticos y recetas de botargas. No hay nada más aleccionador que venderse mentiras espontáneas. 

Pero cuando el aferramiento manda la neurona desaparece y cabe la posibilidad de erigirse en médico internista. Como al primo le recetaron algo que lo sacó en tres días, basta tomarse dos veces la dosis durante la mitad del tiempo para asegurar que saldrás en día y medio.

Cuando quede claro que esto tampoco funciona (y no te piensas poner el maldito suéter), lo mejor es el tequila. Luego de varias dosis y el refuerzo, habrá efectos secundarios todos, menos el que buscas al día siguiente.

Una buena gripa tiene como misión hacerte delirar al grado que quieras ponerte un suéter. La maldición no tendrá que ir hacia el virus, sino al objeto de discordia: el suéter, mismo que sólo por hoy estará bien puesto. No sin el aprendizaje de saber que tan pronto estés fuera de la infección, aprenderás la condición de no volver a ponerte ni a saber de otro estúpido suéter.

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