Mochila segura 

Por Luis Wertman Zaslav

Revisar las mochilas, como la tarea, es una de las formas en que los padres podemos estar informados del desarrollo de nuestros hijos y de proporcionarles buenos hábitos para su futuro. No los criminaliza y tampoco creo que vuelva a sus responsables de crianza una especie de policía juvenil. Con respeto y mesura, pienso que es una de las maneras para prevenir un mal momento.

Así que el debate sobre si debe o no aplicarse resulta un poco ocioso; sin embargo, con una permanente dosis de sensacionalismo, una vez ocurrida una tragedia, muchas autoridades consideran una buena idea simular la revisión con perros detectores y militares o policías con cara de incredulidad, porque saben que es inútil.

El éxito de cualquier programa de Mochila Segura es la coordinación entre padres, tutores o responsables de crianza (tenemos muchos tipos de familia y muchas formas de tutoría), profesores y directivas de planteles, sean privados o públicos, para estar al pendiente no de la mochila, sino de todo el entorno que rodea e influye en niñas, niños, adolescentes y jóvenes.

En un país que ha vivido sumergido en la violencia por décadas, alimentada por la desigualdad y hasta comercializada por la idea fantástica de que el crimen sí paga (gracias a la corrupción y a la impunidad, claro), organizarnos para evitar tragedias parece una medida urgente y no la noticia de la semana sobre si la culpabilidad es de los videojuegos o de los familiares inmediatos con antecedentes sospechosos.

De fondo, si el niño que provocó la tragedia de Torreón no hubiera tenido acceso a las armas de fuego en su casa, aunque éstas fueran solo artículo de decoración de su abuelo, habría sido mucho más difícil acudir a la escuela con ellas y disparar en contra de sus compañeros y de la valiente maestra que se le puso enfrente cuando lo descubrió saliendo del baño.

También se hubiera complicado, si el niño, además de no tener disponibilidad, tampoco tuviera entrenamiento, virtual o real, sobre cómo usar un arma o cargarla. Una pistola es útil para su nefasto propósito si, y solo si, cuenta con las municiones correspondientes.

Es decir, las armas que estaban en el domicilio tenían un propósito y era el de hacer daño, fuera por defensa contra el rampante crimen que nos afecta o con la idea de usarlas para lastimar a alguien más, ejerciendo ese poder artificial que brinda la combinación de prepotencia y pistolas.

¿Se pudo hacer algo para evitar este suceso? Sí. ¿Hay señales que advierten la posibilidad de un ataque de esta naturaleza? También. Pero si no hay comunicación y colaboración en el entorno escolar, es complicado detener a una persona, aunque sea un menor, que planea una acción así.

Hoy, en medio de la conmoción, buscamos restringir y acotar, cuando lo que debemos hacer es coordinarnos y dialogar. La única manera en que podemos reducir la violencia y el delito es estar mejor organizados que quienes los cometen; la única forma de evitar esta espiral de letalidad, es construir una sociedad diferente.

** Las declaraciones y opiniones expresadas en los contenidos de la sección Opinión y de todas las columnas y artículos, son de exclusiva responsabilidad de quien las escribe y de quien las firma, y no representan el punto de vista de Publimetro

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