Instinto y razón… ¿con cuál te quedas?

Por Yazmín Alessandrini

La vida, dicen los que saben y los que han aprendido a vivirla bien, se trata de balances, de encontrarlos, de entenderlos y de aplicarlos. Cuando un individuo, hombre o mujer por igual, se rige bajo estos, es muy difícil que se vea inmerso en problemas, conflictos y dilemas.

Y cuando llegan a presentarse, al ejercitar el sentido común será más fácil sortear cualquier tipo de dificultad. Sin embargo, la realidad nos arroja que todos por igual padecemos mucho cuando no logramos asimilar a plenitud en qué momento debemos confiar en nuestros instintos y cuando es hora de recargarnos en la razón.

Por principio de cuentas, si nos adentramos exclusivamente al terreno de las definiciones, el instinto es una conducta innata no aprendida que se transmite genéticamente entre los seres vivos de la misma especie y que les hace responder de una misma forma ante una serie de estímulos. Impulso natural e interior que provoca una acción o un sentimiento sin que se tenga conciencia de la razón a la que obedece. Y sí, los seres humanos tenemos instintos y por lo regular los traemos a flor de piel.

Por otra parte, la razón es la facultad de la que dispone el ser humano para pensar, para reflexionar, para llegar a una conclusión o formar juicios de una determinada situación o cosa y ésta nos permite actuar con justicia, con rectitud y con congruencia.

En un mundo ideal pensar y razonar deberían ir siempre de la mano, pero hay innumerables ejemplos que nos dicen que no es así y cuando este escenario se presenta es porque invariable e indefectiblemente permitimos que sean nuestros instintos quienes tomen el control de la situación.

Actuar instintivamente nos permite en algunos casos poder salir bien librados de alguna situaciones en las que podemos ubicarnos en posición de vulnerabilidad, pero al mismo tiempo si procedemos de esta forma también nos podríamos meter en muchísimos problemas, lastimarnos a nosotros mismos y también hacer pasar un muy mal rato a aquellos que nos rodean.

Por lo mismo, actuar con mesura y apegados al sentido común ayuda muchísimo a que nos podamos balancear en nuestra cotidianeidad.

Entender la importancia de esto nos puede servir para poder comprender, por ejemplo, muchas de las coyunturas y contextos actuales que hoy estamos viviendo como sociedad. Las historias de violencia hacia la mujer, muchas de las cuales llegan incluso a episodios de feminicidio y agresión sexual, por ejemplo, dejan en claro el comportamiento de muchos hombres se transforma a grado tal que lo lleva a terrenos de un primitivismo exacerbado en donde el instinto se degrada a grado tal que la razón se obnubila y termina por completo en un segundo plano, superada por acciones que el individuo no puede controlar.

No es fácil diagnosticar y determinar en qué momento podemos actuar instintivamente y obtener resultados positivos de ello. Sin embargo, con todo y que podemos darle permiso al instinto de tomar las riendas, es recomendable que en todo momento tengamos encendido el chip de la razón, para no meternos en dificultades.

Y mucho ojo: Hay que ser muy analíticos para comprender que lo instintivo no tiene nada que ver con la espontaneidad y, también, que la razón y el sentido común, aunque son primos hermanos, se conforman de componentes muy específicos que los hacen muy peculiares. Por eso, siempre hay que pensar mucho y reflexionar más antes de tomar decisiones y desplegar deseos e inquitudes.

Y no olviden que todos los sábados a la medianoche los espero en su programa “Exclusivo Para Hombres”, que se transmite por Telefórmula (por favor chequen su sistema de cable predilecto para verificar la nomenclatura de los canales).

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