Tiempo de Jesucristo

Por Toño Esquinca

Comenzamos la cuaresma de la enseñanza cristiana y del tiempo que antecede a la Pascua como período de preparación para recordar, pero también para llevarnos más cerca a las enseñanzas del Maestro de Maestros: Jesucristo. Independientemente de la religión que se practique, él sintetizó las grandes verdades humanas de forma completa y con dos características fundamentales: un total respeto al libre albedrío y su demostración por medio del ejemplo.

La manera de expresión del Maestro Jesús, el Cristo, o el Cristal, es decir, la forma multifacética y más terminada de los ángulos de la geometría sagrada que forman esta realidad, siempre fue metafórica, para dejarle al Ser Humano la tarea de dilucidar de qué se trata labrar su propio cristal a través de los principios generales y de las leyes universales.

El Maestro Jesús por medio de sus obras, nos enseñó cómo transcender las barreras del mundo físico, no sólo para hacer lo que conocemos como milagros, sino, incluso, para renacer de la muerte, pero siempre de los siempres ¡por medio del amor! Y lo más importante: la muestra de que una mente tan clara, tan transparente es reflejo del corazón de Dios.

A eso parece referirse la frase "bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos", no así a la pobreza material, sino a tener la mente tan nítida y resplandeciente que está vacía de toda concepción prefabricada con respecto a nuestra propia comunión, comunicación y relación con la Divinidad. 

También a que la pobreza tiene que ver con la cobardía o las creaciones humanas más viles y terribles. Jesús, a través de sus acciones y pasajes, demostró que la verdad es el reino, la sangre real que viene intrínsecamente aunada a la nobleza. La nobleza, de la mano de las demás virtudes supremas en el Ser Humano, es riqueza, y como es arriba es abajo, por eso la prosperidad material también es un reflejo de estas virtudes.

Hay conocimientos que demuestran que María, la madre de Jesús, y José, no están representados correctamente en relación a la noción colectiva que tiene la mayor parte de la humanidad acerca de que eran extremadamente pobres, por el contrario, eran ricos y nobles.

Pero no la riqueza que viene de la codicia, la avaricia, la malignidad y la ignorancia, sino la que viene del reflejo de la magnificente opulencia de la Creación. Jesús nos dejó el legado de la alquimia para pasar de un nivel de conciencia a otros, y de la enorme paradoja de que por medio de la sencillez y la pureza del espíritu siempre podremos tener alcance de un decreto todo lo que necesitamos.

Ya sea que llevemos a la práctica los preceptos de una religión, o que reflexionemos en la vida y obra del Ser que marcó el inicio de una Era, lo esencial es revivirlo en nuestro día a día, hacer vida sus enseñanzas, y traerlo a la práctica de nuestra vida cotidiana.

El Maestro de Maestros también nos enseñó que todo es posible si realmente estamos dispuestos a AMAR con letras mayúsculas, y eso incluye manifestar las virtudes del amor en toda la extensión de la palabra, incluido el conocimiento de lo sagrado, la inteligencia, la salud perfecta, el perdón, el orden, la opulencia y la prosperidad de todo el bien y de todos los bienes que nos hagan falta para experimentar esta realidad al máximo de sus capacidades, y de las nuestras.

Yo coincido con la visión del maestro espiritual Drúnvalo Melquizedek, quien afirma que un ser llamado “normal” en el Universo, es un Ser como Jesús el Cristo.

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