Declara cártel la guerra en CDMX

Por Mariana Gómez del Campo

El atentado contra el Secretario de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México revela el grado de descomposición de la sociedad mexicana, que los grupos delincuenciales se asumen con la licencia para actuar fuera de la ley al punto de planear un ataque con varias semanas de anticipación y usando armas de alto poder, además de revelar que la estrategia capitalina está totalmente rebasada.

Desde hace varios años venían presentándose distintos hechos violentos en la ciudad: la masacre de más de veinte personas en La Marquesa, la desaparición de una docena de jóvenes de un bar a metros de las instalaciones de la entonces Procuraduría local, el hallazgo de cuerpos descuartizados en plena Avenida Insurgentes, el asesinato de dos ciudadanos de origen israelí en un centro comercial al sur y las balaceras cada vez más cotidianas. Incluso, los informes del gobierno de Estados Unidos señalan que desde 2016, el Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG) ya operaba en 11 entidades incluyendo a la capital del país. Desde hace unos años, los grupos delincuenciales han buscado alianzas con narcomenudistas para controlar parte del territorio capitalino.

Si bien se han realizado detenciones en los últimos meses, éstas no han impactado en la percepción de la seguridad pues la operación de la delincuencia sigue desde los reclusorios. Según Consulta Mitofsky, la violencia y la inseguridad son las principales preocupaciones de los capitalinos. Lo anterior hace sentido si revisamos que en 2019, el robo a transeúnte con violencia y el robo a negocio aumentaron un 15% con respecto al año anterior; además, diariamente 4.5 personas fueron asesinadas en la ciudad.

El atentado del viernes pasado es muestra de que la CDMX se ha convertido en la más insegura y violenta debido a la escasez de policías, la falta de inteligencia cibernética, un presupuesto insuficiente y la debilidad de la Fiscalía General, cuya titular Ernestina Godoy Ramos no tiene experiencia en la procuración de justicia, sino que su nombramiento respondió a ser incondicional de Sheinbaum y de López Obrador quien afirmó que “… si le dicen Fiscal Carnal, está muy bien dicho eso, porque son compañeras, yo también, o sea, es mi Fiscal Carnal”. Los resultados hablan por sí solos.

Pese a que la policía capitalina es la segunda fuerza más grande del país, solamente detrás del Ejército y de la Guardia Nacional, su presupuesto apenas se vio incrementado un 4.32% para 2020, mientras que el Centro de Atención de Emergencias y Protección Ciudadana (conocido como C5) sufrió un recorte del 39.5% en 2020.

La estrategia de seguridad de Sheinbaum sigue sin funcionar, el programa de cuadrantes de 2019 no dio resultados y los objetivos del 2020 han demostrado ser insuficientes para asegurar la protección de los capitalinos; si bien parte del fracaso se debe a que se actuó demasiado tarde frente a los cárteles de la droga que siembran terror en las calles de nuestra ciudad, el atentado del viernes debe hacer reaccionar al gobierno capitalino a abandonar el eslogan de “abrazos no balazos” y apostarle a la inteligencia, porque el crimen organizado ha demostrado que no le tiembla la mano para actuar.

La sumisión en la que López Obrador ha hundido al Estado mexicano frente a los criminales únicamente ha empoderado al narcotráfico; la derrota que sigue representando la liberación del hijo de El Chapo en Culiacán perseguirá a la 4T hasta el final del sexenio. Por si fuera poco, que voces defensoras del gobierno acusen complicidad entre el crimen organizado y los medios de comunicación o la oposición, no es muestra más que de la incapacidad del gobierno para preservar el orden, la paz y la seguridad nacional. Al tiempo…

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