¿Qué eliges?, el odio o la reconciliación

Por Josefina Vázquez Mota

La situación que hoy en día vivimos millones de personas nunca antes la habíamos enfrentado, ni nuestros hijos, nuestros padres, abuelos, habríamos imaginado lo que hoy se vive, son tiempos de cambio importante donde todos estamos evolucionando de diferente manera.

Con la pandemia del coronavirus hemos visto y vivido nuevas realidades, escenas actitudes que no habíamos experimentado jamás. Las ciudades vacías, comercios cerrados, personas en casa sin salir y con miedo, animales caminando solitarios por las ciudades, testimonios heroicos, y otras que han desnudado tambiénlo peor del ser humano.

Un mundo distinto con nuevas realidades, donde el aislamiento y el rompimiento social modificaron la relación cotidiana que se tenía, provocando el uso de la tecnología para poder ejercer una parte de nuestras actividades diarias sin la necesidad de la movilidad; y para quienes no tienen acceso a ésta, un mayor aislamiento y exclusión es hoy su realidad.

Estamos en un mundo distinto, de nuevas formas de convivencia, de solidaridad, de unidad, pero desafortunadamente, también ante una pandemia de odio que se agudiza cada día, pues no hemos evolucionado ante este patrón, y la violencia se ve y se vive diariamente, ya sea verbal, física o psicológicamente.

Basta con revisar las expresiones de odio, violencia y rechazo que hay en las redes sociales y en escenas de barbarie como los ataques al personal de salud, así como, el crecimiento brutal de violencia contra mujeres y niños dentro de cuatro paredes que para ellos son un infierno, para mostrar los desafíos que tenemos frente a nosotros.

Uno de los mayores riesgos de la pandemia de odio su normalización, porque si dejamos ganar la batalla a la indiferencia y desprecio frente al dolor humano, estaremos condenados a perder lo mejor de nosotros y también de los otros.

Si seguimos ejerciendo de forma frecuente y habitual el mecanismo de desacreditar, de polarizar, de rechazar y de confrontar, nos estaremos cerrando la puerta a un presente y futuro de mayor esperanza, de paz y prosperidad para una gran mayoría de los mexicanos, y seguiremos acelerando la descomposición del tejido social, que nos impide tener un México por el que generaciones completas han trabajado y construido.

Son tiempos de cambios que aún no alcanzamos a imaginar, y son tiempos de oportunidades únicas para decidir por un nuevo y mejor rumbo. Estás pandemias deben significar la posibilidad de unirnos en propósitos comunes para fortalecer y no destruir libertades, la legalidad, la inclusión y las instituciones que si bien son perfectibles, la respuesta no debe ser su destrucción caprichosa o guiada por el rencor y el resentimiento.

Porque la otra disyuntiva es justamente el peor de los caminos, transitar por la ruta del autoritarismo, la intolerancia, la pérdida de libertades y la confrontación como forma de convivencia con saldos incalculables de destrucción.

Es momento de ser protagonistas de un mundo que ya cambió para siempre. No hay muchos caminos por andar, el de la reconciliación, la construcción, de la paz, el respeto por los otros y un profundo amor a México; o elegir la autodestrucción.

Estoy segura que la gran mayoría queremos el primer camino, es tiempo de trabajar para llegar a un mejor destino del que hasta ahora hemos podido construir.

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