Impunidad, desigualdad y corrupción, fórmula que alimenta la violencia

Por Indira Kempis Martínez

La violencia está ahí desde hace décadas. No es que se esté “descubriendo” ahora. Sin embargo, más que el narcotráfico en sí mismo (años después estamos discutiendo en el mundo la legalidad de las determinadas drogas), es la complicidad de las autoridades con los carteles, la que ha provocado una guerra o enfrentamiento abierto y sangriento.

La impunidad, la desigualdad y la corrupción son la fórmula que desata que se rompan límites que se suponía era infranqueables. Lo peor es que la gente que nada teme ni debe, que somos mayoría, es la que termina pagando hasta con su vida los platos rotos de lo que de por sí está roto.

Cambian los “protagonistas” y cambian los sexenios, pero para quienes vivimos el terror (quisiera escribir esta última palabra en mayúsculas) de lo que significa la guerra contra el narcotráfico bien sabemos que nada devolverá la vida pacífica que nos han robado, pero, sobre todo, que si se sigue en una “estrategia” con “puntos ciegos”, esté quien esté en el poder, la ciudadanía ya perdió desde el momento en que sus instituciones son incapaces de responder ante cada acto violento o de terror: ni a sus víctimas, menos a sus victimarios.

Lo qué pasó en CDMX es un Deja Vú de lo que desde hace 12 años pasa en diferentes ciudades del país. Alarmante porque ahora le toca a un Secretario de Seguridad Pública cuya conducta se presume intachable. Pero tan sagrada la vida de él como la de casa mexicano que se enfrenta a esas atrocidades sin siquiera tener protección alguna.

Necesitamos que el Poder Ejecutivo y las autoridades de todos los niveles redoblen esfuerzos. La ciudadanía está cansada de ponerle un nombre nuevo a sus agresores, pero saber que en México no se puede ni estar en casa ni salir a la calle en paz.

Necesitamos un Estado capaz y eficiente, no sólo para las cargas punitivas, sino para reducir los riesgos de esa fórmula que alimenta el nivel de crueldad que estamos viviendo en México. La repito: impunidad, corrupción, desigualdad.

Me queda claro que es un reto colectivo, pero sin que se note cómo se usa el poder en esa dirección, estará cada vez más complicado. Por eso es importante, además de los buenos deseos, que se note contundentemente que le queremos poner fin a la guerra.

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