La vida en carne y hueso: México está de luto

Lloremos juntos este luto, exijamos una bandera a media asta, un minuto de silencio o de aplausos a los héroes muertos por la pandemia por Covid-19.

Por Josefina Vázquez Mota

Es una gran tragedia conocer y compartir el dolor de una familia que ha perdido en tan solo un mes a cuatro de seis hermanos, y no alcanzo a imaginar siquiera que pueden hacer para seguir adelante y sobrevivir al dolor.

México está de luto. Llevamos más de 46 mil muertos por el Covid-19. ¿Dónde está la bandera a media asta?, ¿Cuándo habrá un minuto de silencio por quienes se nos han adelantado?, ¿Por qué hoy los mexicanos no lloramos juntos como lo hicimos en los sismos de 1985 o 2017?, ¿Cuándo les rendiremos un homenaje a quienes han perdido la vida salvando vidas, cuándo?

México suma más 48 mil decesos, y alrededor de 450 mil contagios, según los reportes oficiales y en los que la propia autoridad reconoce un subregistro. Y solo se escucha un inaceptable silencio, y más recientemente, una búsqueda desesperada de culpables principalmente por el encargado de la pandemia, tan respaldado por su jefe, quien por cierto, no es el secretario de Salud. Ninguna de estas muertes les ha merecido ajustes y cambios a su estrategia fallida.

Una amiga perdió en un mes a dos amigos, uno médico y otro diseñador gráfico, ambos por Covid. José era médico y su profesión fue la causante; el segundo es Carlos, se contagió en el trabajo, y sin querer y pese a todos sus cuidados contagió a su mamá, y así la familia Mendoza Badillo perdió a dos de sus seres queridos de un plumazo.

Carlos era el menor de cinco hermanos, tenía 42 años, acaba de ser admitido a la maestría de Ciencias y Artes para el Diseño en la Universidad Autónoma Metropolitina (UAM), no tenía ni obesidad, ni padecimientos respiratorios, estaba sano, era deportista.

Bien lo dice Martín Vivanco en su columna de EL UNIVERSAL, denominada “Mi duelo, los muchos duelos”, morir en estos tiempos no es sencillo, porque las muertes por el virus son muertes complejas, en donde el enfermo se va afantasmando al ritmo de un descenso de su capacidad respiratoria hasta fenecer.

Cada día que escucho las cifras de decesos pienso en que México se está convirtiendo en un cementerio, en donde cada quien llora a sus muertos en la soledad y no como sociedad. Y mientras unos lloran, las autoridades continúan debatiendo el uso del cubrebocas, buscando culpables, ofreciendo circo, visitando hospitales sin pacientes, y cada vez de manera más erratica y criminal, dando bandazos sin querer aprender ni implementar nada de lo que recomiendan las autoridades mundiales de salud, ni de las prácticas que han permitido a otros países enfrentar el virus con menos muertes y daños en todos los aspectos de nuestras vidas.

Imagine usted, que los más de 46 mil mexicanos fallecidos por Covid, equivalen a la población de 17 municipios, ciudades enteras que hoy serían pueblos fantasmas. Los llamados municipios de la esperanza hoy ya ni siquiera existen porque la estrategia centinela falló y sus habitantes se contagiaron.

Lloremos juntos como sociedad, exijamos una bandera a media asta, un minuto de silencio o de aplausos a los héroes conocidos y sin conocer, hagamos un duelo colectivo, no en lo en individual, porque solo así México se unirá. No dejemos que la indiferencia y el discurso de la división y el clasismo nos separe, no dejemos de llorar juntos porque solo así podremos volver a caminar unidos.

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