Ocupándonos

Por Toño Esquinca

Uno de los principios básicos de la metafísica es no aceptar aquello que no está en el orden de las leyes universales descritas en prácticamente todas las religiones del planeta.

Esto es importante porque mucho del mal que vemos por doquier se realiza porque lo hemos permitido. Los tiempos que estamos viviendo y los cambios que exigen a todos niveles, incluyen también por supuesto el nivel de conciencia con el que tomamos las decisiones del día a día y con el que asumimos los hechos de nuestra vida.

Cuando atravesamos crisis personales o colectivas es natural que reaccionemos con angustia y preocupación, sin embargo, esto no es el estadio final en el que nos debamos quedar, por el contrario, es cuando más debemos ocuparnos y tomar acción.

Una de las premisas para salir avantes de cualquier situación que se muestre discordante, es decir: no lo acepto, no en el sentido de negar la realidad, sino de asumirla pero sabiendo que cualquier manifestación que sea menos que lo bello, lo generoso, lo bondadoso, y lo mejor para toda la vida en todas partes, no tiene cabida en nuestro mundo.

Tener esta conciencia es un primer paso para accionar entonces a algo mucho mejor eligiendo con neutralidad aquello que es natural al Ser, es decir, lo que une, la unidad, la verdad, la salud, la prosperidad, y el valor de lo estético.

Cuántas veces hemos permitido que cosas, personas, pensamientos, emociones, situaciones, lugares, etc. que manifiestan realidades de negatividad y sufrimiento, hagan su actuación en nuestra vida llevándonos en una espiral descendente.

Seguramente muchas, y esto es porque no estamos afianzados en las verdades universales que sustentan la vida, entonces no tenemos la fuerza para negar el mal y afirmar el bien.

Le propongo lo siguiente como un ejercicio diario de conciencia: desde que se levante y hasta acostarse, cuando alguna negatividad llegue a su vida y le dispare la preocupación, dígase por dentro: no acepto que esto forme parte de mí y mejor me ocupo en el bien; pregúntele a su sabiduría interior cómo podría dar una solución elevada y efectiva a esa situación: se sorprenderá con los resultados.

Cuando estamos dispuestos a ocuparnos en lugar de preocuparnos, hacemos un puente entre los problemas y la solución, y ponemos nuestra conciencia al servicio del ser, en lugar de estancarnos en la inacción de lo que podría llamarse nuestro cuerpo del dolor. La llave mágica de no aceptar aquello que no queremos ver manifestado, es un potente bloque de luz que permite que se abra el espacio para las soluciones claras.

Aunque crea que es algo sin importancia, decrételo con fuerza, y si tiene que tomar acción, hágalo con el mismo poder. Lo que cada uno hacemos es sumamente trascendente.

¿Se imagina usted, por ejemplo, si a todos nos hubiera quedado claro desde el inicio de la pandemia que tenemos que portar un cubreboca y si todos nos hubiéramos atrevido a decirnos internamente primero con toda convicción: “No acepto que no lo traiga, no puedo permitir esta negligencia”, y después a quien no traía el cubre boca: “por favor, por respeto y conciencia use su cubreboca”, cuántos contagios se hubieran evitado?

Y así con todo cuanto hacemos. Nuestra presencia es tremendamente importante cuando se trata de decidir entre ser manifestadores del bien, o pequeñas puertas del asiento del mal.

** Las declaraciones y opiniones expresadas en los contenidos de la sección Opinión y de todas las columnas y artículos, son de exclusiva responsabilidad de quien las escribe y de quien las firma, y no representan el punto de vista de Publimetro

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