Opinión

¿Quién soy yo para juzgar? El papa llama a reconocer la unión civil de parejas del mismo sexo

En 2013, durante un vuelo de regreso de Brasil, el papa Francisco fue cuestionado sobre el caso de un sacerdote supuestamente homosexual. “¿Quién soy yo para juzgar?”, respondió. Apenas la semana pasada nuevamente se refirió al tema de la diversidad sexual y expresó su apoyo a las uniones civiles entre personas del mismo sexo, con el objetivo de que éstas se encuentren “legalmente cubiertas”. “Lo que tenemos que crear es una ley de unión civil”, afirmó el obispo de Roma.

Estas últimas declaraciones forman parte de un documental titulado Francesco, del director Evgeny Afineevsky, estrenado hace algunos días. Sin duda, las palabras del papa son disruptivas; incluso, históricas.

Las aseveraciones del pontífice fueron reconocidas positivamente por grupos de personas católicas de la comunidad LGBTI+ y activistas en la materia. También es evidente que se presentaron resistencias a este tema, principalmente al interior de la propia Iglesia. Históricamente, las autoridades eclesiásticas han evitado abordar estos temas y, cuando los han enfrentado, su posición ha sido condenatoria. Explícitamente en la doctrina católica la persona homosexual no está considerada pecadora, pero propiamente los actos homosexuales sí son condenados.

Las declaraciones del papa no cambian esta percepción religiosa. Sin embargo, es la primera vez como pontífice que Bergoglio reconoce la necesidad de considerar la unión civil para las parejas del mismo sexo. Las declaraciones no sorprenden.

En 2010, cuando era arzobispo de Buenos Aires y se discutía el matrimonio entre personas del mismo sexo, Jorge Mario Bergoglio apoyó la unión civil para esta comunidad. En 2014, durante una entrevista para el periódico Corriere della Sera, Francisco precisó que la legalización de las uniones civiles entre personas del mismo sexo debía buscar la obtención de derechos legales y beneficios en materia legal y de salud para estas parejas.

Posteriormente, en 2016, en su segunda exhortación apostólica postsinodal titulada Amoris laetitia, el papa aborda el amor en la familia. En este texto rechaza el matrimonio entre personas del mismo sexo. Sin embargo, hace un llamado a los sacerdotes para que reciban a homosexuales, parejas heterosexuales en unión libre y madres y padres solteros. Específicamente, pide que las personas homosexuales sean “acogidas con respeto, procurando evitar todo signo de discriminación”.

“Son hijos de Dios y tienen derecho a una familia”, afirma el papa en sus recientes declaraciones. Su pontificado se ha caracterizado por abrir la discusión a temas especialmente sensibles.

En México, la transformación de la vida pública tiene que ser igualmente diversa e incluyente, a través del amplio reconocimiento de los derechos de la comunidad LGBTI+. En tal sentido, en el Senado de la República presenté recientemente una iniciativa de reforma al Código Civil Federal, para facilitar el acceso al reconocimiento legal del género autopercibido. De aprobarse, se podrá solicitar una nueva acta de nacimiento que corresponda con la identidad de género con el que las ciudadanas y los ciudadanos se identifican.

La composición de las familias mexicanas es heterogénea, y cada una de ellas importa. Nuestro trabajo como personas servidoras públicas es protegerlas a todas.

ricardomonreala@yahoo.com.mx

Twitter y Facebook: @RicardoMonrealA

 

 

 

 

 

 

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