La vida en carne y hueso: "Abrimos o morimos"

Por Josefina Vázquez Mota

Pancartas con leyendas como "ni un día más sin trabajo", "abrimos o morimos", y "mesa segura para un cliente seguro", los trabajadores externaron su preocupación, pues argumentaron que de no abrirse los restaurantes su trabajo está en riesgo ya que ningún gobierno los ha apoyado.

"Esto seguirá pasando hasta que al gobierno no le entre la sensibilidad y nos permita abrir, por lo anterior les pedimos que nos dejen abrir, que nos dejen trabajar, es lo único que solicitamos al gobierno, ¡porque abrimos o morimos!", dijo una cocinera.

Desafiando el semáforo rojo un grupo de trabajadores y dueños de restaurantes se manifestaron tanto en la Ciudad de México como en el Estado de México, para exigirle a los gobiernos de ambas entidades la apertura de los establecimientos que desde diciembre permanecen cerrados debido al semáforo rojo por el incremento de contagios por Covid-19.

Sergio Flores, restaurantero, sostuvo que en el Valle de México han cerrado más de 13 mil 500 establecimientos desde que inició la pandemia, por no sostener sus gastos; de ahí que anunciaron que a partir del 12 de enero, los restaurantes de la zona metropolitana harán un "cacerolazo" afuera de sus establecimientos para demostrar la inconformidad del gremio ante la falta de apoyos gubernamentales.

La Confederación de Cámaras Industriales (Concamin), externó que el cierre de operaciones de la industria restaurantera del país ha causado que miles de empresas del ramo sufran un impacto severo, siendo los estados con más preocupación el Estado de México, Puebla y Ciudad de México.

La Concamin afirmó que si bien en estas tres entidades se han disparado los contagios y fallecimientos por el virus, las compañías de la industria enfrentan situaciones “insostenibles” por el pago de nómina, obligaciones laborales y fiscales.

El actual gobierno se ha resistido a implementar medidas robustas y  realistas para evitar la mortandad de cientos de miles de micro, pequeñas y medianas empresas y la pérdida de millones de empleos, aunado a una clara iniquidad en donde la informalidad no solo crece, sino cuentan con permiso para no cumplir las reglas y condiciones que se dictan a los formales, incrementando los costos a quiénes sí cumplen con la ley al cerrarles los caminos para sobrevivir.

Estamos en un momento crítico y muy delicado tanto por la pandemia y sus terribles consecuencias, como por la pérdida de ingresos para millones de trabajadoras y trabajadores.

Urge hacer política, urge la empatía de ponerse en los zapatos del otro, y de dialogar y construir acuerdos que permitan transitar con los menores costos posibles ante una pandemia que seguirá amenazando y seguirá siendo parte de nuestras vidas en los meses venideros, por lo que urgen soluciones a las tormentas actuales y las que se avecinan.

Si se renuncia a construir y a hacer política, si la resistencia para acompañar al sector productivo se mantiene, e incluso encuentra cada día más obstáculos,  incertidumbre y amenazas, las cacerolas serán apenas el principio de un reclamo social cuyas consecuencias son aún difíciles de advertir.

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