Muerte y pandemia

Por Yazmín Alessandrini

Estos últimos meses de pandemia, los cuales están prácticamente a nada de convertirse en un año completo, nos han enseñado de manera contundente que los seres humanos (hombres y mujeres por igual) estamos indefensos ante determinados acontecimientos muy concretos.

Sin caer en exageraciones y fatalismos, lo cierto es que hoy por hoy muchos de nosotros todavía no contamos con los rudimentos emocionales más esenciales para poder hacerle frente de forma solvente y eficaz al hecho de que alguno de nuestros seres más cercanos y amados enferme o, en el peor de los escenarios, fallezca. Terrible, ¿no creen?

En el discurso, los pragmáticos siempre abrazarán como argumento el cliché de que “la muerte es parte de la vida”, “los dos acontecimientos más importantes en la existencia de una persona son nacer y fenecer” o “apenas nacemos ya comenzamos a morir”. Sin embargo, hasta aquellos que presumen una fortaleza de mente, espíritu y acontecimiento no pueden evitar reaccionar con dramatismo y sufrimiento ante el trágico desenlace alguien perteneciente a su primer círculo de afectos.

Cuando alguien cercano muere o cuando debemos encarar la inminente partida de alguien a quien amamos no hay terapia que sirva de mucho. ¡Punto! Olvídense de las largas y caras sesiones con un psicoanalista, psicólogo o tanatólogo, es evidente que cuando la muerte se presenta es imposible echar mano de las enseñanzas de estos especialistas. Sí o sí las nubes de tristeza, pesar, dolor y depresión se postrarán sobre nuestras cabezas. Es un proceso totalmente natural y comprensible.

Ahora imaginen cómo la pasan aquellos quienes tienen que enfrentar la dolorosa circunstancia de que alguno de sus familiares o amigos más cercanos mueren en las garras del COVID19. Es un dolor tremendo que se multiplica porque no pueden acompañar en sus últimos momentos a aquellos que van a partir, porque el riesgo de contagiarse es latente y enorme; tampoco reciben sus cuerpos para realizarles el servicio funerario que ellos quisieran porque indefectiblemente tienen que ser incinerados. Y no quiero atisbar demasiado en la deplorable situación cuando se presentan equivocaciones en las cremaciones y los deudos acaban recibiendo las cenizas de otra persona que no es su familiar. Se trata de situaciones sumamente tristes.

Por ello, hoy más que nunca se vuelve imperativo y necesario que todos reflexionemos con respecto al tipo de comportamiento y actitud que estamos desplegando ante una coyuntura como la que estamos viviendo: ¿Estamos siendo lo verdaderamente responsables como para cuidarnos a nosotros mismos y cuidar a aquellos que tenemos cerca, sobre todo a quienes presentan una salud vulnerable?

¿Entendemos la importancia de ser solidarios y empáticos al momento de entender que lo que hagamos o dejemos de hacer va a impactar directa y contundentemente en las vidas de todas esas personas con las que a diario convivimos?, ¿psicológica y emocionalmente estamos contemplando que en cualquier instante nuestra vida puede cambiar para siempre y sin punto de retorno?, ¿estamos siendo parte del problema o nuestro accionar nos permite asegurarnos (a nosotros mismos y a los demás) que somos solución?, ¿estamos entendiendo que en este preciso instante nuestro principal objetivo de sobrevivir y que las frivolidades no tienen lugar en el tiempo presente?

Tenemos que entender que nuestra inteligencia y nuestro instinto de supervivencia están siendo puestos a prueba a diario. Sí, ya casi transcurrió un año de que esta pesadillo comenzó y lo cierto es que todavía no se avizora la añorada luz al final del túnel. No hay certeza de cuando va a ocurrir eso. Y, por lo mismo, tenemos la responsabilidad, con nosotros mismos y aquellos que directamente dependen de nosotros, de entender que no podemos darnos el lujo de bajar los brazos. ¡Nadie!

¡#QuédenseEnCasa!

Y no olviden que todos los sábados a la medianoche los espero en su programa “Exclusivo Para Hombres”, que se transmite por Telefórmula (por favor chequen su sistema de cable predilecto para verificar la nomenclatura de los canales).

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