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Opinión 22/04/2021

De desapego

La comercialización de la espiritualidad ha hecho que ciertos términos como la palabra “desapego”, por ejemplo, suenen muy trillados; sin embargo, esto no les resta importancia. Estar desapegados es clave en la búsqueda de la realización personal, pues, en su definición más estricta, estar apegados significa tener control, según nosotros, sobre lo que ocurre en nuestra vida por medio de cosas, personas, o situaciones.

Significa creer estar seguros en donde y como estamos. Pero creer que estamos reteniendo algo o evitándolo por medio del apego no es más que una ilusión, porque lo que en verdad ocurre es que nos desincronizamos de la realidad que inevitablemente va cambiando. Por esto es que en el budismo al apego le llaman la fuente del sufrimiento.

El desapego no se trata de no valorar lo que tenemos -ya sean relaciones, logros o cosas materiales- y que nos dé exactamente lo mismo tenerlas o no; para nada, de hecho, esta es una concepción muy hippie de la vida. La esencia del desapego es tener la capacidad de entregarse por completo al instante presente para poder experimentar de lleno cada momento y, casi al mismo tiempo, dejarlo partir.

Aunque parezca que todo permanece igual, ni siquiera nosotros volvemos a ser las mismas personas jamás. Por esto es que aprender a ir caminando sin forzar y tampoco detener, sino más bien en un estado de observadores conscientes de su realidad, es una buena manera de practicar el desapego.

Puesto que todo obedece a la ley del cambio, identificarse tanto con la imagen que vemos en el espejo, o con cosas demasiado superficiales, es una forma de garantizar que cuando estas cosas vayan cambiando lenta o súbitamente, podemos entrar a un laberinto de mucho sufrimiento.

Muchas tradiciones espirituales coinciden en que ir al interior y encontrar la voz del espíritu, o ese lugar en donde percibimos que no estamos atados a las condiciones cambiantes del exterior, es el camino de la iluminación. Eso que está al interior de nuestro ser es lo único que podemos poseer y lo único permanente, y ahí ya no estamos a merced de las posesiones materiales, de las personas que llegan y se van, de los trabajos, de los nombramientos o circunstancias sociales.

Si a usted le cuesta mucho trabajo el desapego, este pequeño ejercicio puede serle útil cuando la vida no le deje otra opción más que el desprendimiento de aquello a lo que estaba tan acostumbrado: intente encontrar en su interior esa imagen o concepto que tenga de algo más grande, llámele Dios, poder superior, mente divina, o como usted lo entienda, y compréndase como parte de esto, como Dios mismo viviendo su propia experiencia, hasta que sienta que su conciencia se expande mucho más allá de su cuerpo, de su circunstancia y de sus problemas.

Entre más cerca se sienta de esta inmensa imagen del todo en usted y de usted en el todo, se sentirá más libre, más desprendido, pues la libertad en este sentido es proporcional a lo cerca que se está de Dios.

A decir del Dr. Joseph Michael Levry, la Gracia de Dios es totalmente autosuficiente, Dios es el amor, y, por lo tanto, el desapego puede tomar lugar sabiendo que, aunque parezca una pérdida, absolutamente todo lo que usted necesita, ya está dado y cubierto en esa presencia o Gracia que siempre de los siempres, está dentro y alrededor de usted.

** Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quien las escribe y firma, y no representan el punto de vista de Publimetro.**