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/ Foto: Pixabay
Opinión 30/04/2021

Cómo aguantar un dolor de cabeza

Para leer con: “Head On”, de The Jesus and Mary Chain

Con el perdón del Covid e incluyendo su sintomatología, no hay malestar más emblemático en nuestro tiempo, que el dolor de cabeza.

Puede doler lo que sea, pero la cabeza es el centro de comando, la recámara en la casa, el pepperoni de la pizza, la sala de Consejo, y así no hay cabeza que tome decisiones.

El que duela la testa —uno lo sabe— no es el punto. Se trata de una señal que alerta que algo no anda bien. Y eso es lo desesperante, saber que hay un problema que no hace ruido y no tener cabeza para atenderlo.

Hay quienes lo sienten cuando el mundo ha sido demasiado, otros optan no comer helados ni paletas. Los más oscuros lo padecen con la luz radiante. El dolor recuerda la condición de un ser sensible y aún así, éste lo maldice como antídoto primario.

No hay lista de espera para las tareas cotidianas: el taladro y la incisión tatúan las letras de una jaqueca, cefalea o migraña. El cuerpo grita, nosotros seguimos.

Que duela la cabeza es significativo. No sólo reafirma la condición de contar con una, hace cuestionar su propósito y condición en el mejor de los casos y dolores. Por ejemplo, ante la punzada, lo que apremia es cuestionar el malestar de tal dolor. Por sí mismo, el mal estar no es otra cosa que un indicio, un estado ante la pérdida o ganancia.

Cuando la cabeza duele, el centro del universo es aún más “Yo”. No importa lo que sea. Si el mundo tuviera cabeza —y le doliera— te medioentendería. Pero como parece no ser así, pueden rodar cabezas hasta que la tuya deje de doler.

Y hasta en las punzadas hay clasificaciones. Están las auras en las que no se sabe si en realidad son o se parecen.

También aquellos con los que se amanece por herencia de un mal dormir; los que fulminan de manera repentina para recordar la sutileza de una vida sin dolencias; los que no se quitan a pesar del bombardeo de pastillas y remedios; los que trepanan en una zona indecible y los que radian el color de una sensación aún por describir.

¿Para qué duele la cabeza si no es para entrenar el proceso heróico de terminar un día de pie?

El dolor es transgresión. También lo es respirar.

** Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quien las escribe y firma, y no representan el punto de vista de Publimetro.**