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Opinión 27/05/2021

Miedos y remedios

En un artículo reciente, The New York Times presentó diferentes testimonios de quienes enfrentan la pandemia en la India, que bien pueden compararse con muchas de las reacciones que hemos experimentado en todo el planeta durante este difícil periodo.

Por un lado, la gente siente temor, duelo y aburrimiento, después de tantos meses bajo la presión del contagio o el confinamiento forzoso, y por otro, al preguntarles cuáles son sus espacios con los que tratan de compensar estos sentimientos, mencionaron a sus familias, a sus amigos, y a las acciones cotidianas que ayudan a otras personas.

No creo que esta pueda ser una fórmula, pero sí es un camino para lograr equilibrio. Ante una pérdida irreparable, la familia; frente al miedo, muy natural, amigos con quien compartir; ante la pérdida de sentido, la solidaridad hacia otros.

Falta tiempo para analizar si este será un periodo histórico que traiga un nuevo tejido social, mejorado, luego de una crisis global, pero estamos justo en el momento en que podemos contribuir compensando emociones negativas con personas queridas y sentimientos que no disminuyen con acciones de apoyo al prójimo.

Convivimos en muchos círculos sociales de manera constante, ahora por medio de la tecnología, que podemos fortalecer y cuidar en esta siguiente etapa de reactivación. Aún en los peores escenarios, estar en contacto es uno de los remedios más poderosos para estar bien por dentro y por fuera.

A lo largo de este año y medio he escuchado comentarios similares a las que refiere el texto y pienso que son sensaciones que compartimos todos. Nos tomó por sorpresa la aparición de esta variante del coronavirus y sacudió desde la forma en que nos movíamos, hasta los metros cuadrados que pensábamos se necesitaban para tener una calidad de vida óptima.

También dejó ver que muchas personas tienen tareas fundamentales para que nuestras sociedades funcionen y eran prácticamente invisibles. En otros casos vimos de cerca la letalidad de una enfermedad, al mismo tiempo que se desarrollaban vacunas a una velocidad histórica.

Ese precario balance entre lo que logramos y lo que enfrentamos es el reto más importante después de que esta emergencia pase. La ciencia nos ha salvado de nuevo, pero nosotros estamos a cargo de estar en condiciones óptimas para resistir y persistir.

Y eso no lo podremos hacer solos. Necesitamos de esas redes de ayuda que son nuestras familias, nuestros amigos, nuestros vecinos. Cada uno sabe cómo fortalecerlas y es conveniente invertir el tiempo que se requiera para que cada día funcionen mejor.

Porque apenas entramos a la etapa de hacer un corte sobre las pérdidas que hemos sufrido y los nuevos propósitos que podríamos estar pensando para nuestros siguientes años de vida, con la incertidumbre latente de qué podría ocurrir hacia delante con el planeta y con nuestro impacto en éste. Nadie puede descartar nuevos virus y menos cuando son organismos que ocupan un lugar en la naturaleza idéntico al nuestro. Es decir, no somos la especie más fuerte, ni dominamos al planeta, solo lo ocupamos con otros seres vivos, millones de ellos microscópicos.

Saber cuánto nos durará esa consciencia de que no vivimos con derechos de exclusividad y podemos enfermarnos por la simple razón de que un virus necesita sobrevivir igual que nosotros es el tema de fondo. Si tendemos a cederle espacio al miedo, al dolor, a la incertidumbre, es seguro que no estaremos preparados para alguna otra eventualidad mundial, sea de salud o de cualquier otro tipo.

Lo que da cierta esperanza es que somos capaces de incorporar diferentes elementos para crear y materializar ideas en beneficio de todos, aunque también lo logramos para provocarnos enormes problemas. Puede suceder que este momento sea un periodo de enorme creatividad social y de mayor solidaridad, apostemos en lo personal y en lo familiar a ello.

Poco a poco nos hemos adaptado a esta nueva realidad que deseamos aparezca como esa normalidad que conocimos. Dudo que regrese, porque nosotros ya no somos esas personas. Eso no es necesariamente malo y permite sopesar en una balanza interna los miedos que padecemos y lo remedios que podemos usar para reducirlos.

** Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quien las escribe y firma, y no representan el punto de vista de Publimetro.**