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Opinión 01/07/2021

Tengo tu password

Para leer con: “You Worry Me”, de Nathaniel Rateliff & The Night Sweats

Cuando Charles Dickens señaló en su novela “Historia de Dos Ciudades” que la Revolución Francesa se sentía como el mejor y el peor de los tiempos para estar vivo, el escritor no solo se inmortalizó, se hizo ubicuo por apadrinar una sensación colectiva.

Dickens pensaba que esa época contaba con una muy alta dosis de sabiduría, igual que de ignorancia y que tal fragmentación dividía peligrosamente a los habitantes.

Algo similar pasa ahora en muchas arenas, pero hay una que ocupa por su velocidad y dirección. ¿Qué es lo primero y lo último con lo que interactúas en el día? ¿Quién se ha convertido en escudero de cualquier viaje y navaja suiza para toda ocasión? El mismo que por un lado facilita la vida, pero también tiene todos los mecanismos para espiarla.

Igual que con la delincuencia callejera, la seguridad en internet es un fenómeno que parte de una de tantas contradicciones humanas, pero que parece ser inherente a la relación social. No hemos terminado de aprender a relacionarnos entre nosotros, pero ya tenemos sociedades virtuales multiplicándose.

Uno puede pensar que alguien exagera cuando pone un masking tape sobre la cámara de la laptop o del celular, lo cierto es que —si los ciberataques fueran un país— serían la tercera economía mundial, después de Estados Unidos y China. Y con un aparato más sofisticado que el Morelos 2 en la bolsa del pantalón, se carga también con una colección de sensores de localización, antenas con acceso a diferentes frecuencias, cámaras, micrófonos y varios sofisticados elementos más, que pueden operar para vigilarte.

Pero no es solo el hardware. Con un like basta para enviar datos que recopilan información personal e historial de actividad en línea, sea para influir procesos de compra o para motivar intenciones de voto.

El ojo que todo lo mira desde lo alto, ese Pegasus, Cambridge Analytica o la plataforma en turno con nombre amenazador, apenas abre el párpado. A la par de la sofisticación tecnológica irá creciendo el nivel de control y con él, las capas de detalle en la lectura de la conducta y hasta una predicción de hábitos.

Nadie puede ya pasarse de listo en el semáforo, rascarse furtivamente la nariz ni robarse un chocolate en la tienda sin el riesgo a ser captado. La pregunta no es ya, si necesitamos asistentes virtuales, monitores de actividad y cámaras inteligentes porque habitamos una dinámica en la cual los hemos adoptado como novedades y hasta estándares para navegar la vida diaria.

En una realidad —bipolar como la Revolución Francesa— en la que los buscadores y las redes te conocen mejor que tu mamá y en la que vivimos rodeados de un caos del cual somos causa y efecto, la menor de las preocupaciones debería ser si tu password es confiable.

** Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quien las escribe y firma, y no representan el punto de vista de Publimetro.**