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Opinión 22/07/2021

Proteger la casa

Inundaciones en Alemania, olas de calor en Canadá, lluvias que arrasan en Holanda. Son escenas que no esperaríamos ver en naciones no sólo preparadas para desastres naturales, sino consideradas como desarrolladas. Parece que, en este hogar, que es el planeta, las diferentes habitaciones empiezan a tener los mismos problemas y urge que los resolvamos entre todos.

Igual que sucede con el mantenimiento de una vivienda, estar al pendiente del deterioro, de las reparaciones y de los vicios ocultos, es una tarea social a la que ya debemos ponerle toda la voluntad y todo el compromiso, porque el cambio climático no es ninguna invención y aquellos que se sentían ajenos a éste lo están experimentando de forma directa.

Información sobre cómo podemos reducir nuestro impacto en el medio ambiente sobra y podemos usar mucha de ella en nuestra vida cotidiana, hacerlo es un asunto de supervivencia y la única inversión segura que vale la pena hacer hacia delante.

Eso significa modificar hábitos de consumo, de cuidado de los recursos naturales, de reciclaje y hasta de la manera en que vacacionamos o nos entretenemos. Construir otros comportamientos es un proceso y ese solo se logra con el convencimiento cívico de que el cambio es bueno para la mayoría.

Esos nuevos y buenos hábitos son la fundación de sociedades mucho más conscientes, pero vamos tarde si pensamos que hay tiempo en el mediano plazo para lograr otros comportamientos. Es ahora y es rápido, porque si este año nos pareció atípico en lo que corresponde al clima, nuestra nueva normalidad podría resultar la de no saber qué nos deparará el destino.

La incertidumbre acerca de cómo reaccionará la Tierra con respecto a nosotros afectará desde la producción de alimentos, hasta la mudanza obligada de zonas enteras en donde hoy sus habitantes se sienten seguros. Que haya sequía en donde no la hubo o llueva torrencialmente en donde eso no sucedía trae consecuencias de movilidad, de seguridad, y de desarrollo.

Hasta el momento, los países considerados desarrollados no debían preocuparse mucho de lo anterior, porque los avances tecnológicos e institucionales de sus naciones permitían cierta tranquilidad y atención inmediata, con amplios recursos, cuando había un desastre o una contingencia natural. Esos tiempos podrían haber pasado.

Ahora lo que demanda el mismo planeta es un acuerdo entre naciones y entre sociedades para que seamos precavidos con la forma en que explotamos y vivimos en el globo, para revertir los estragos causados y, al mismo tiempo, ganar tiempo a futuro e inclinar la balanza de la convivencia a nuestro favor.

La naturaleza no ve fronteras y tampoco está muy al corriente de las disposiciones internacionales o de la política internacional. Reacciona y actúa sin consultarnos; las llamadas de atención que ha dado en este año y en el anterior nos deben mover a la corresponsabilidad y a las acciones colectivas que inicien desde nuestro propio hogar.

No debe ser nada nuevo para nosotros, cuando estamos más que habituados a cuidar el techo que tenemos encima de nuestras cabezas; a repararlo y darle mantenimiento constante o urgente en el momento que amerita. Este es el único planeta habitable que conocemos hasta el momento, todo lo demás en soñar mirando las estrellas. Cuando la contaminación del aire nos lo permite, claro.

** Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quien las escribe y firma, y no representan el punto de vista de Publimetro.**