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Opinión 02/09/2021

Incredulidad y pruebas

La ciencia no siempre ha gozado del respaldo popular que ahora tiene y de vez en cuando pierde ante la confusión, los mitos y las percepciones que no están sustentadas en información y en evidencias.

Los seres humanos tendemos a confiar en las personas que están cercanas a nosotros y a darle un valor importante en nuestra vida a sus opiniones y a la información que nos comparten, aunque esta no sea tan precisa o se encuentre sustentada en evidencias claras.

A pesar de que el nivel de credibilidad que tienen los científicos es alto dentro del rango de reputación que pueden alcanzar otras profesiones, sufrimos de oleadas de pérdida de confianza alimentada por datos falsos o sin comprobar.

El que nos lo haya dicho un pariente cercano, que a su vez lo escuchó de un buen amigo, quien lo supo por una tía, es una de muchas cadenas de desinformación que nos llegan a diario y que se han ampliado gracias a la tecnología.

Con esto no olvido que hay mucha información útil que se comparte en segundos y permite tomar buenas decisiones; sin embargo, hemos logrado darles un peso sorprendente a las fuentes de dudosa procedencia, a las opiniones y a los juicios de valor que no presentan muchas pruebas, contra los estudios y conclusiones de la ciencia.

México no ha sido un caso emblemático, pero otras naciones siguen forcejeando con la vacunación. Hoy no debe quedarnos ninguna duda de las bondades de este avance histórico y menos para recibir las dosis; una hazaña como ésta es lo que mantiene la esperanza de que la pandemia continuará de una forma menos letal y riesgosa en los años por venir.

La mala noticia es que nos seguimos topando con teorías de la conspiración que hacen dudar a muchas personas que no tendrían un perfil de ingenuidad o falta de acceso a la información correcta. Un rumor también se comporta como un virus y puede incluso ser más contagioso.

Aun vacunados, el problema que ahora podemos observar en cualquier sitio público o privado es el relajamiento de las medidas de higiene y sana distancia.

Está bien sentir menos presión porque tenemos la o las dosis, lo que no puede ocurrir es que pensemos llegó el momento de dejar el cubrebocas, de hablar sin él o de abandonar el uso de gel antibacterial. Son dos cosas distintas.

Desde el punto de vista emocional y psicológico, ambos fundamentados de nuevo en la ciencia, sentir que la vacuna nos protege es normal y ayuda a que volvamos a construir una realidad cotidiana, pero no es un permiso para que nos descuidemos y pongamos en riesgo a otros.

Es un hecho que las y los niños pequeños se contagian en una proporción mucho menor que los adultos y éstos tendrán unos efectos menos agresivos en caso de contagiarse si ya están vacunados; no obstante, seguimos expresando dudas y hasta negando lo que indican las cifras en el mundo, para evitar un debate acerca de los números que registramos en el país y que, a pesar de muchas intenciones por distorsionarlos, han sido consistentes en el análisis internacional que se ha hecho de ellos.

Tener buena información es una labor que depende de cada uno de nosotros. Ser un ciudadano corresponsable implica acudir a fuentes confiables y a contrastar lo que se nos comparte o dice con los anuncios de las autoridades encargadas y los buenos medios de comunicación que hacen una cobertura profesional de los acontecimientos.

Queda en nuestras manos, en uno de nuestros dedos, el que no enviemos cualquier mensaje, video o texto que trate de convencernos que la ciencia no sirve o está diseñada para perjudicarnos. En cada pandemia ha ocurrido lo mismo, solo que en esta ocasión tenemos canales de comunicación con un alcance que jamás habíamos presenciado.

Emitir nuestro punto de vista nutre el diálogo social y enriquece a cualquier comunidad, por pequeña que ésta sea. Tratar de imponerlo, de usarlo para descalificar creencias o pruebas científicas, es un virus todavía más peligroso que el que hoy enfrentamos.

La infodemia de nuestra época es una enfermedad altamente contagiosa y con consecuencias para las que no hay una vacuna, más allá de la precaución y la prevención de revisar cualquier dato que esté dirigido a disminuir la confianza en aquello que nos está ayudando en esta crisis mundial.

** Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quien las escribe y firma, y no representan el punto de vista de Publimetro.**