Opinión

¿Por qué nos cuesta tanto atravesar los duelos?

Si damos una mirada a la sociedad contemporánea, observamos que le hemos dado el poder de marcar el ritmo y los tiempos de como vivimos los duelos. Entumecidos vamos viviendo a espaldas esta realidad certera, gestionando el dolor, principalmente buscando como evitarle.

Mientras en la naturaleza humana esta inscrita la forma de elaborar las perdidas, cada vez más, se busca desnaturalizarlas. Quizá es un espejismo de desterrarla de nuestra existencia.

La vida es una sucesión de etapas y experiencias. La modernidad nos ha ido apartando de la posibilidad de transmitir las herramientas de como enfrentar la muerte. La sociedad de consumo, la búsqueda para darle la vuelta a dolor, la fatua idea de vivir para siempre; “jóvenes y sanos”.

Es fundamental aceptar lo que nos está pasando, no nos queda más que el afrontar los acontecimientos que no podemos cambiar para poder seguir adelante. Así mantenemos la estabilidad psicológica y desde ahí pueda brotar cierta tranquilidad.

Es frecuente encontrar resistencias ante la aceptación de algo que nos duele o lastima y sobre todo cuando se trata de la perdida de un ser querido. Solemos confundir aceptación con resignación, y por eso, en muchas ocasiones nos negamos aceptar la enfermedad, la muerte y las pérdidas. Pensamos que si aceptamos; nos estamos dando por vencidos.

Resignarse connota impotencia ante una situación, tener la sensación de que no podemos hacer nada y que por ello, somos víctimas de lo que nos ha tocado vivir.

Nos posiciona en el sufrimiento; nos gustaría que la realidad fuese otra y como no es así, peleamos contra ella, generando resentimiento y amargura, lo que provoca que permanezcamos anclados al pasado, alimentando pensamientos de cuando estábamos bien, cuando a la vista de hoy; el pasado fue mejor. Entonces nos bloquea y evita que busquemos opciones.

Por el contrario, la aceptación nos abre puertas que nos permiten actuar. Supone comprender las situaciones de la vida. La aceptación requiere observación y comprensión de lo que ocurre, sin autoengaños.

Se trata de aceptar independientemente de que nos guste o no, porque no tiene sentido negar lo que es.

Antes se pensaba que el duelo debería durar tan solo dos meses, ahora se sabe que esto no es así. El tránsito por la pérdida es distinto para cada persona. Contemplar las causas y circunstancias del fallecimiento indispensables.

Si la muerte ha sido súbita, traumática, por homicidio, suicidio, accidente de tráfico o laboral, muerte perinatal, etc. el malestar psicológico es superior al de una muerte esperada. Pero cuando una persona desaparece y su cuerpo no se encuentra, hay muchas más dificultades comenzar el proceso de duelo.

La muerte es inevitable, todos tendremos que enfrentarla, entre mejor centreda en como vivir y como morir y atravesar los procesos naturales .

Buscar ayuda terapéutica es de gran ayuda cuando estamos en momentos donde parece que no podemos con lo sucedido. Cuando el tránsito por la pérdida es superior a nuestra capacidad de respuesta.

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