Poder y organización en red

Casos como el de los XV años de Rubí recuerda el gran poder de convocatoria que tienen las redes sociales

Por Armando Ríos Piter

Más de un millón de personas confirmaron su asistencia a los XV años de Rubí Ibarra García. Desde todo el país anunciaron a través de un grupo virtual, su viaje a La Joya, San Luis Potosí, para acompañar a la quinceañera y a su “hospitalaria” familia.

Todo se originó por un video que subieron a redes, donde los papás invitaban a amigos y conocidos a la fiesta. Al ver que su mensaje se salió del círculo familiar, es más, salió de su comunidad a todo México, tuvieron que precisar la información. Y de nuevo las redes sociales aprovecharon el momento. Ahora están organizando una marcha para que el papá de Rubí no los desinvite.

Otro ejemplo reciente sobre la agilidad con la que circula la información en las redes y que es capaz de conseguir objetivos, es el de Lalo Arias, (conocido como #LadyWuuuuuu) quien saltó a la fama por su particular grito de batalla y su afición a un grupo musical de los 80.

En días pasados, una agencia de automóviles en Guadalajara ofreció regalarle uno, con la condición de subir la publicación a redes y conseguir un millón de likes. En sólo 18 horas se consiguió la meta.

Pero los ejemplos anteriores no dejan de representar simples divertimentos y distracciones. A la par, en el mundo de las redes nos encontramos ejemplos de mucho mayor nivel y alcance.

La gente usa las redes para organizarse y transformar. Las nuevas tecnologías son eficientes aliadas e importantes herramientas para unir causas.

Hoy, nos encontramos denuncias por Internet que exhiben a funcionarios con actitudes prepotentes o que captan delitos in frangati, que encuentran eco social y han terminado en el cese de funcionarios o han emprendido investigaciones judiciales. O tareas loables como la de Alerta Amber que apuesta a la difusión viral para ayudar a encontrar menores desaparecidos.

Todos los casos los podemos enmarcar como ejemplos del Poder Popular moderno, el cual es capaz de activarse para distintas causas.

El mismo poder que organiza y hace sátiras de celebraciones, es capaz de empujar cambios muy importantes.

Un ejemplo es el movimiento “Poder Antigandalla”, iniciado aquí en la Ciudad de México, por Arne aus den Ruthen, y que se extiende rápidamente en todo el país.

Se trata de combatir, con la ley en la mano, la impunidad de aquellos que se agandallan las banquetas, de quienes privatizan las calles con postes que invaden el espacio público y crean riesgos innecesarios.

Cada vez más ciudadanos se organizan en sus calles y colonias, y vencen el miedo de hacer frente a los vecinos. Exigen los derechos de “todos” sobre los intereses de “unos cuantos”. Ellos ya decidieron levantar la voz, conocen el poder de la organización y rechazan vivir en una ciudad donde no haya respeto para todos.

Vale la pena revisar cómo opera este proyecto y otros, como el que emprendieron Los Supercívicos, quienes ya ofrecen una aplicación para denunciar cualquier tipo de anomalía. Todo esto es manifestación de la acción digna de los ciudadanos que, por estar unidos, dejan atrás la comodidad de la queja, la apatía y la pasividad, para observarse a sí mismos dotados de integridad y poder individual.

En el Senado tendremos la oportunidad para demostrar que estamos preparados para evolucionar. Existen iniciativas para garantizar que cuando la PGR se transforme en Fiscalía General, su titular sea realmente autónomo. Para ello hemos estado en comunicación con la organización #FiscalíaQueSirva, otro esfuerzo importante desde la sociedad, para lograr que, por primera vez, la ley penal se aplique como se debe, sin compadrazgos y sin distingos.

Podemos actuar coordinados como un gigante virtual, con la intención de evolucionar como comunidad y transformar de la realidad lo que ya nos tiene hartos. Estamos viviendo el fin de una época y el inicio de lo que será la política del futuro. Así es que, hoy, todo es posible.

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