Instrucciones para lanzar cohetes a la indolencia

Para ser leídas con: The Absurd Waltz, de Hans Zimmer

Por Eduardo Navarrete

Paso 1. Abra los ojos, alce las manitas y suelte la quijada

Sólo en nuestro país nos empeñamos en profesionalizar la tarea de superar los récords más absurdos. Incluso esos que atentan contra la propia sociedad y, si corren en sentido inverso a toda lógica, mucho mejor. Mientras grupos extremistas atentan contra civiles en otras latitudes, aquí la bruta inconciencia y la corrupción en capas geológicas del sistema, hacen que la cifra de muertos sea más elevada que en dichos ataques terroristas. Sólo un sistema absurdo se hace daño de manera reiterada. Y uno que toma a la ligera el evento, simplemente merece este absurdo. La conclusión es oscura, pero realista: somos nuestro propio ISIS.

Paso 2. Entérese (como se entera de un tsunami en Timor Oriental)

Si algo habría que reclamarnos en esta inundación anárquica de noticias al alcance de la mano, es que la cantidad de información por minuto nos ha dejado esterilizados y –cuando mucho– la reacción alcanza a ser una arenga o un emoticón triste acompañado por menos de 120 caracteres. Aun así, piense que si está leyendo esto, es porque no estuvo en ese mercado durante el estallido, situación que no tendría que volverlo ajeno, como sucede con este tipo de acontecimientos, lo que ayuda medularmente a que se reitere de una u otra forma.

Paso 3. Santifique las fiestas

La paradoja: varias columnas de humo multicolor con pólvora destinada para celebrar las fiestas, cubrieron lo que tendría que ser evidente: el trato irresponsable de explosivos, de influencias, de recursos en este país. Abra los ojos, luego del polvorín tálleselos y sea testigo de cómo en un lugar donde todo, (menos esa corrupción) es tomado a la ligera, las consecuencias duelen más. Por eso no es raro enterarse que otra vez explota un mercado gracias al estúpido manejo de pirotecnia y todos los estúpidos eslabones que cobijaron la estúpida cultura del “ahí se va” que tiene a familias llorando a sus cercanos. ¿Nos quedamos con esta flamable estupidez entre las manos?

Paso 4. Hágale caso a Mao

Mao Zedong decía que una muerte es una tragedia, pero que mil muertes es una estadística. Con la misma lucidez de quien mató a más de 70 millones de personas, vea sólo una cifra lejana en los más de 30 muertos y 70 heridos. Lo más lamentable: salvo para familiares y amigos, será algo que se olvidará pasado mañana con la final de futbol, pero uniendo los puntos, muy probablemente se repetirá en años posteriores.

Paso 5. Defienda su pirotecnia

A los mexicanos nos hipnotizan los fuegos artificiales. Nos dejan perplejos, dejamos de hacer lo que sea y nos rendimos ante los estallidos luminosos en el cielo. Si contáramos con las medidas para prevenir, gestionar y reaccionar ante un posible accidente como el que recién sucedió, podríamos señalar que sólo se trata de una diversión chambona, contaminante, pero lucidora. Esto ya pasó de ser eso. Varias veces. Pero seguimos lanzando luces que sólo brillan más porque el panorama se pinta cada vez más oscuro.

Paso 6. Privilegie que nada pasa

Lo de ahora en Tultepec rebasa una práctica añeja que poco tiene de edificante. El pan y circo dejó varios muertos antes del show. Como cada que ocurre una tragedia que (irónicamente) a todas luces podría y tendría que haberse evitado, los funcionarios se muestran sobrepreocupados y hasta conmovidos. Giran instrucciones, guardan minutos de silencio. Y quienes tendrían que haber estado al frente de la responsabilidad de evitar esto, habrán festejado (con cohetones) los privilegios de vivir en un país en el que nada pasa y parece más simple dar una condolencia que prevenir un desastre. No sólo aquí, sino así nos tocó vivir.

 

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