El país del 2017

Los gasolinazos se resienten en la sociedad mexicana, y no son pocas las manifestaciones y protestas, algunas pacíficas y reflexivas, otras que caen en un vandalismo irracional

El país del 2017

Iniciamos el año 2017 de una manera compleja. Los gasolinazos se resienten en la sociedad mexicana, y no son pocas las manifestaciones y protestas, algunas pacíficas y reflexivas, otras que caen en un vandalismo irracional.

Hace apenas una semana compartí en este espacio, la necesidad de reiniciar nuestro sistema político, porque las decisiones que toma cada vez están más distantes del sentir de la ciudadanía.

Debemos transformar el sistema político y social actual, porque ya no funciona, y los cambios cosméticos nada aportan. Necesitamos abandonar el país que privilegia la simulación, que se burla de la ley, donde impera la desigualdad y se abusa del dinero público.

Para empezar, necesitamos visualizar el país que podemos llegar a ser. Y después, trabajar para hacerla realidad. La palabra clave en todo esto es: compromiso. Debemos evolucionar de la indignación que sólo se manifiesta en las redes sociales, a las acciones colectivas concretas.

No será una tarea fácil, ni se verá reflejado de inmediato, pero será un camino seguro. Porque la época de las revoluciones y los mesías que prometen cambiar las cosas de la noche a la mañana, ya probó su fracaso.

Lo que hoy tenemos en el imaginario colectivo, es la figura de un país maltrecho, inacabado, golpeado por la corrupción e impunidad.

Para crear un nuevo

imaginario, es útil observar otros contextos:

En días pasados, la revista The Economist publicó una edición con sus artículos más populares del 2016. Uno de ellos habla de los coches del futuro, y describe un escenario no lejano donde la gente ya no se preocupará por ‘tener coche’, sino simplemente se suscribirá a una app que le dará acceso a cualquier combinación que necesite entre un auto, un tren, una bicicleta, o cualquier cosa sobre ruedas, para transportarse a donde quiera de la forma más rápida y barata posible. Muchos de estos vehículos serán robots eléctricos que se manejan solos, y ya están siendo construidos por empresas como Google o Apple.

Otro artículo aborda la tecnología llamada hyperloop, que se refiere al transporte a altísimas velocidades, utilizando tubos al vacío. Un ejemplo concreto de esta posibilidad es un proyecto en Dubai, de la compañía Hyperloop One, que planea construir un tren que permitiría realizar, en 12 minutos, un trayecto hacia Abu Dabi que hoy toma 2 horas en coche. Un tren como este podría alcanzar una velocidad de hasta mil 200 km por hora –más rápido que un jet– y, en esencia, funcionaría con un ventilador eléctrico y un compresor de aire.

Un tercer artículo habla de los jóvenes y los define como una “minoría oprimida” a la que es necesario liberar. Los países que se pongan a la delantera de este reto, habrán de facilitar a quienes tienen entre 15 y 30 años –1.8 mil millones de personas– el acceso al mercado laboral, con educación a la altura de este siglo, y con alta movilidad al interior de sus países, y también hacia otros países. La segunda parte de la receta es que los jóvenes voten, pasar del activismo en redes, a la capacidad de incidir.

Para ‘reiniciar el sistema’, estamos obligados a despertar en nosotros el deseo de vivir con dignidad. No podremos destruir el circuito terrible de corrupción, impunidad, violencia y desigualdad.

Por ejemplo, ante los gasolinazos, debemos organizarnos para dar el siguiente paso. Exigir que se rindan cuentas, que nos den una explicación del destino de cada peso recaudado por el impuesto a la gasolina. Que el enojo nos motive a hacer las cosas diferentes y evolucionar como país.

Todos, pero especialmente los que nos dedicamos a la política, debemos ser firmes e innovadores en la acción, poner ese ejemplo de dignidad y de unidad por encima de los partidos; porque el futuro ya nos está rebasando.