Violencia, trampa para impedir el cambio de régimen en 2018

Una ciudadanía harta del autoritarismo, la antidemocracia, la corrupción y la impunidad decidió expresar de manera pacífica su irritación ante el "gasolinazo"

Violencia, trampa para impedir el cambio de régimen en 2018

Como surgidas de la afluente de un río desbordado, las protestas sociales en contra del alza de las gasolinas han cubierto buena parte del territorio de la República. En los estados de México, Nuevo León, Chiapas, Veracruz, Coahuila, Chihuahua y en la propia capital, entre otras entidades, una ciudadanía harta del autoritarismo, la antidemocracia, la corrupción y la impunidad decidió expresar de manera pacífica su irritación ante este nuevo despojo a sus ingresos, raquíticos de por sí.

En este contexto de protesta popular, si no inédita, por lo menos muy relevante, pues desde hace mucho tiempo la sociedad no se expresaba de forma multitudinaria con tal enjundia, en un intento de contrarrestar la importancia de los reclamos, grupos de choque pagados, de patéticos aspirantes a sicarios, se dieron a la tarea de asaltar decenas de centros comerciales con la evidente intención de desviar la atención de la justa movilización social y culpabilizar a los ciudadanos del vandalismo.

Este pillaje fue precedido por centenares de mensajes que, a través de las redes sociales, llamaban a asaltar centros comerciales, y otros tantos que difundían falsas imágenes de conflagraciones, de muertos regados por las calles, como si hubieran ocurrido en la Ciudad de México y en otras zonas metropolitanas del país.

Es imprescindible permanecer alertas para no caer en las redes de esta estrategia de desmovilización y desinformación, de evidente corte fascista, cuya finalidad es desactivar la verdadera organización ciudadana y dar pie a la represión para cancelar la transformación de la nación por métodos pacíficos. En tal sentido resalta, por ejemplo, la preocupante exigencia de la cúpula empresarial que llama a que las fuerzas federales intervengan con la intención de contener saqueos, vandalismo y bloqueos carreteros.

Se confunde, así, la gimnasia con la magnesia, porque si la maquinaria del Estado en verdad pretende cancelar los actos vandálicos, basta con que deje de pagar a las bandas de pandilleros que actúan a las órdenes de quienes controlan algunos de los aparatos del poder. O como señaló el presidente nacional de morena, Andrés Manuel López Obrador: “ciudadanos fueron enfrentados por encapuchados manipulados por el régimen para llevar a cabo actos vandálicos, satanizar la protesta pública y desviar la atención”.

Es por eso que morena apuesta, de manera indeclinable, por la organización ciudadana y por la toma popular del poder por la vía pacífica. En efecto, como advierte nuestro dirigente nacional, es tiempo del cambio, pero sin caer en la trampa de la violencia, porque existe la oportunidad real de cambiar el régimen en 2018.

Con tal propósito, López Obrador convocó a militantes de todos los partidos, a integrantes de organizaciones sociales y a ciudadanos independientes a firmar un acuerdo político de unidad por la prosperidad y el renacimiento de México.

Porque, advirtió, los adversarios del pueblo de México están en las cúpulas del poder económico y político y en las burocracias corruptas de los partidos. Abajo, agregó: “no tenemos diferencias con nadie. Son muy pocos los que oprimen a muchos. En las bases y en las clases medias hay un profundo deseo de liberación, de hacer realidad la justicia y de establecer una verdadera democracia”.

Para alcanzar la meta de implantar la justicia social debemos comenzar por revertir el modelo neoliberal que ha imperado en México a partir de 1982, cuando asumió el poder Miguel de la Madrid Hurtado. A partir de entonces comenzó el desmantelamiento del aparato productivo nacional, de cientos de paraestatales, de las minas, de la industria siderúrgica y, por supuesto, de nuestros campos petroleros.

El propio presidente Enrique Peña Nieto reconoció que el alza de las gasolinas es consecuencia de la importación de la mitad del combustible. De tal forma, le da la razón a López Obrador, quien desde hace diez años advierte que la construcción de refinerías es condición ineludible para alcanzar la autosuficiencia energética.

Pero en vez de construirlas, las administraciones panistas de Vicente Fox y de Felipe Calderón dilapidaron los miles de millones de dólares que ingresaron a México por concepto de la venta del crudo y no construyeron una sola refinería. Como se sabe, este último llegó al extremo de proferir la enorme falsedad de que edificaría una refinería en Hidalgo.

Pero, más allá de señalar las mentiras de Peña Nieto y de sus aliados del Pacto por México, por ejemplo, que con la reforma energética se abatirían los precios de los energéticos, hoy, lo que en verdad importa es evitar a toda costa la violencia, porque ésta perpetúa el autoritarismo. Y a la par continuar, de manera conjunta con la ciudadanía, con la organización social pacífica.

Como advierte Andrés Manuel López Obrador, nuestra propuesta para hacer realidad la transformación de México “se resume en gobernar con reactitud, desterrar la corrupción, abolir la impunidad, actuar con austeridad y destinar el ahorro a financiar el desarrollo del país”.

De la mano de los ciudadanos, única alianza de morena, permaneceremos firmes en nuestra estrategia pacífica hasta conseguir que López Obrador sea presidente de la República en 2018. Entonces dará inicio el renacimiento espiritual y material de nuestra nación. Retoñará la esperanza y pondremos fin a la pesadilla impuesta por la apátrida y ambiciosa cúpula de gobernantes y cómplices que los complementan.

 

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