Para calificar la inteligencia de sus perros, los humanos aprenden nuevos trucos

Para calificar la inteligencia de sus perros, los humanos aprenden nuevos trucos

Los honores fueron concedidos a Giorgio y Giuliana, su hermana, por participar en el Centro de Cognición Canina de la Universidad de Yale.
“Yo quería saber cuánto saben y cuán inteligentes son”, dijo Giordano, una agente de bienes raíces en Branford, Connecticut. “Pienso que Giuliana realmente solo va por las golosinas. Pero Giorgio está por encima. Es muy brillante. Yo diría que conoce más de 100 palabras”.

Los investigadores de Yale han dado con algo interesante. Han descubierto la manera de aprovechar la disposición de los acompañantes humanos de los perros para apoyar sus estudios. Con entusiasmo.

De pronto, parece importar cuán inteligente es un perro; una aspiración que tampoco ha pasado inadvertida para la industria de los productos para mascotas. Al entrar en cualquier cadena de suministros para mascotas, como la adecuadamente llamada PetSmart, uno se topa con juguetes, dispositivos y alimentos promovidos como optimizadores de la inteligencia de un perro. O simplemente haga una búsqueda en línea de “juegos cerebrales para jugar con su perro”.

El creciente interés, ansiosamente amplificado por la industria de los productos para mascotas, ha dado impulso al campo académico relativamente nuevo de la cognición canina, con el surgimiento de centros de investigación en campus universitarios en todo Estados Unidos. En el otoño, la publicación especializada Current Directions in Psychological Science dedicó un número al tema.

En Yale, el centro de cognición canina de tres años de antigüedad ha sido acosado por humanos ansiosos de que sea evaluada la inteligencia de sus perros, ofreciéndolos de voluntarios para ejercicios y acertijos de investigación. Algunos dueños conducen por horas para llegar ahí.

“A las personas les gusta que sus hijos sean inteligentes, y les gusta que sus perros sean inteligentes”, dijo Laurie Santos, una profesora de psicología que dirige el centro. “Algunas personas llaman y suenan como si se disculparan: ‘Me gustaría llevar a mi perro, pero podría ser demasiado tonto’”.

(Dicho sea de paso, he aquí un secreto que hará estallar la burbuja: los perros inteligentes no son con los que es grandioso vivir, precisamente porque son demasiado inteligentes.)

Pero cuando los dueños usan “perro” e “inteligente” en la misma frase, ¿qué quieren decir exactamente?

¿Inteligente comparado con qué? ¿Un gato? ¿Otro perro? ¿Un humano?

Los científicos definen y miden la inteligencia de un perro de manera diferente a como lo hacen los dueños. Hace más de una década, los antropólogos evolutivos se dieron cuenta de que en el perro, cuyo desarrollo ha sido en gran medida modelado por los humanos, tenían un sujeto estrella al cual observar. A diferencia de los gorilas, el estudio de los perros es muy poco costoso; su cantidad es abundante, y sus dueños están felices de cubrir su alojamiento y alimentación.

Ahora, algunos investigadores están estudiando el cerebro del perro. Otros están tratando de identificar las habilidades cognitivas del perro, debatiendo sobre el grado al cual los perros pudieran ser únicos entre los animales. Psicólogos comparativos están analizando cómo estas capacidades se comparan con las de los niños.

 

Expertos coinciden en que cuando los dueños discuten cuán inteligentes son sus perros, están imponiendo un concepto humano a un animal. Un perro podría parecer a su dueño “más inteligente” que el perro del vecino, pero incluso la idea popular derivada de algunos estudios que los perros son tan inteligentes como niños pequeños carece de significado, prácticamente hablando.

Muchos conductistas de animales dicen que lo que las personas realmente quieren decir cuando llaman inteligente a un perro es que el perro es altamente amaestrable.

“La gente piensa que los perros son más inteligentes que los gatos porque obedecen”, dijo Frans de Waal, un biólogo y primatólogo de la Universidad Emory en Atlanta. “Pero no es lo mismo”.

Los perros han vivido en íntima proximidad con la gente durante unos 30,000 años, evolucionando a lo largo del tiempo para comprender las pautas humanas y entrenarnos para que nos sintamos obligados a alimentarlos y albergarlos. En cuanto a sus instintos de supervivencia, eso es muy inteligente.

La investigación de la cognición canina está en marcha en campus desde Berkeley hasta Barnard, y en universidades en Inglaterra, Hungría y Japón. El crecimiento del campo ha coincidido con un cambio en la forma en que los dueños de perros ven a sus animales.

“Esto es la consecuencia lógica de la tendencia a la humanización de las mascotas”, dijo Hal Herzog, un antrozoólogo y profesor emérito de psicología en la Universidad de Carolina Occidental en Cullowhee, Carolina del Norte. En realidad, los dueños a menudo son llamados padres de mascotas.

Como los padres humanos que compraron los CD Baby Einstein, con la esperanza de mejorar la inteligencia de su descendencia incluso en el útero, muchos dueños de mascotas sucumben a los dispositivos promovidos para mejorar la función cerebral de sus perros. (Vea: IQ Treat Ball.)

“¿Qué padre no quiere que su hijo tenga los mejores estímulos cognitivos que uno le pueda dar?”, dijo David Lummis, analista de mercado de productos para mascotas en Packaged Facts, una firma de investigación de mercados. “La culpa juega un papel importante”.

Pero, como descubren algunos padres de mascotas, un perro inteligente puede parecer menos un infante adorable y más un adolescente sabelotodo.

“Los perros inteligentes a menudo son una molestia”, dijo Clive L. Wynne, un profesor de psicología que dirige el Colaboratorio de Ciencia Canina en la Universidad Estatal de Arizona. “Se vuelven inquietos, se aburren y crean problemas”.

Aunque el entusiasmo por la investigación canina es febril, el financiamiento puede ser difícil de encontrar.

Recientemente, algunos investigadores se han unido al comercio, para atraer a científicos ciudadanos (alias dueños de perros) que les ayuden a recolectar datos.

Adam Miklosi, un investigador conductual canino húngaro, planea conectar a científicos con dueños de mascotas que puedan reunir información sobre los hábitos de sus perros. Su empresa, SensDog, usa una aplicación de iPhone para comunicarse con sensores de Apple Watch en el collar del animal.

Luego está Dognition, cuyo sitio web declara “Encontrar el genio en su perro”. Es un proyecto encabezado por Brian Hare del Centro de Cognición Canina de la Universidad de Duke en asociación con la línea de alimento para perros Bright Minds (mentes brillantes) de Purina Pro Plan.

 

Por 19 dólares, los dueños reciben un cuestionario e instrucciones en video para reunir información sobre su perro y someter los datos al sitio web de Dognition. Dognition luego envía de regreso un perfil cognitivo de la mascota, especialmente en comparación con otros perros.

Por supuesto, seguimos hablando en general de los perros como especie. Aunque los estereotipos de razas están profundamente arraigados, dijo Hare, no hay evidencia que demuestre que una raza es cognitivamente superior a otra.

Pero, en 1999, Stanley Coren, ahora psicólogo emérito de la Universidad de Columbia Británica, produjo una lista de 110 razas clasificadas según su inteligencia, con base en su sondeo de unos 200 jueces de obediencia canina profesionales. Las tres principales: el border collie, luego el caniche, seguido por el pastor alemán.

“Giorgio es un tercio caniche, así que es realmente inteligente un tercio del tiempo”, afirmó Giordano.
Los siguientes en esta la lista son el bulldog, basenji, sabueso afgano, aunque Hare dijo que los científicos no consideraban que estos sondeos fueran una prueba definitiva.

Ciertos perros son excelentes en tareas para las cuales han sido criados durante siglos. Los sabuesos tienen un sentido del olfato asombroso. Los pastores australianos pueden mantenerse junto a un rebaño de ovejas tan hábilmente como una maestra de maternal en un patio de juegos lleno de niños de tres años.

Y, distintivamente, los perros parecen confiar en nosotros para que les ayudemos a resolver problemas. Cuando están desconcertados (por ejemplo, la pelota de goma se queda atorada debajo de una cama, o se cierra la puerta de la cocina), recurren a sus humanos, dando ladriditos, golpeando con la pata, mirando tristemente.

Un lobo criado por un humano, en comparación, solo seguirá tratando de resolver el problema por su cuenta.
Pero la inteligencia en sí quizá no sea el rasgo que verdaderamente distingue a los perros, al menos en la interacción humano-animal, dicen los investigadores.

“Hay algo notable en los perros”, dijo Wynne. “Tienen este tipo de híper sociabilidad abierta. El perro mismo quiere darte amor.

“Pienso que ‘inteligencia’ es una pista falsa”, continuó. “Lo que realmente necesitamos de nuestros perros es afecto. Mi propia perra es una idiota, pero es una idiota adorable”.

Hare, quien es profesor asociado de antropología evolutiva en Duke, dijo que creía que los perros, como los humanos, tenían múltiples tipos de inteligencia. Con Dognition, los dueños prueban a sus perros en áreas de empatía, comunicación, astucia, memoria y razonamiento.

Santos de Yale coincide. “Si uno quiere entrenar a un perro para una competencia de obstáculos o para una exhibición, se valoran ciertos rasgos”, dijo. “Y si se tiene un empleo estresante y una familia, se quiere un acompañante para acurrucarse. Pero ambos son inteligentes”.

 

Pam Giordano piensa que su perro es muy inteligente, y tiene prueba de ello: Giorgio, un bichón habanero de 11 años de edad, tiene diplomas que declaran que tiene títulos de licenciatura, maestría y doctorado de Yale. La calcomanía en la defensa del auto de Giordano anuncia: “Mi perro entró en la Ivy League”, en referencia a las universidades de más prestigio de Estados Unidos.

 

“Esto es la consecuencia lógica de
la tendencia a la humanización
de las mascotas”,

Hal Herzog, un antrozoólogo y profesor emérito de sicología en la Universidad de Carolina Occidental en Cullowhee, Carolina del Norte.

 

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