Instrucciones para darnos cuenta de lo bien que vamos (¿sabe usted a dónde?)

Para ser leídas con: “Absurd”, de Anfa Rose.

Instrucciones para darnos cuenta de lo bien que vamos (¿sabe usted a dónde?)

Paso 1. Ayúdele al autor de esta columna con el título

Llegó la hora de rendir tributo a la locura. Lo sucedido en el colegio de Monterrey no deja otra opción. Pero le voy a hacer unas preguntas sólo para estar seguro que titulé bien este texto. ¿Tiene usted lo necesario para procesar algo así? ¿Nos hemos hecho estas preguntas como para asegurar que en unos días no ocurra algo peor (bueno, Trump nos tomó por sorpresa –en todos sentidos-)? ¿Dónde está la cualidad que da nombre a la especie: homo sapiens sapiens? (El chango sin cola que se da cuenta de que se está dando cuenta) WTF?

Paso 2. Pregunte y encuentre sentido

Si el video y las fotos debieron publicarse, se trata de una discusión aparte por ser un efecto de lo que realmente tendríamos que debatir y concluir (sería hermoso que para eso sirvieran las redes sociales). Ahí le van más preguntas: ¿A quién se culpa de algo así? ¿Quién y cómo se hace responsable de esto? ¿Basta saber que la depresión se había apoderado del chamaco, que el arma era de la familia que cazaba y que las redes están puestas al servicio de lo que sea, para que con el siguiente escándalo se olvide éste? ¿Cuál es el aprendizaje de ver a un niño dispararle a su maestra en un recinto al que se va, precisamente a ser formado? ¿Cuáles son el significado y el sentido subyacentes con los que se queda usted de esto?

Paso 3. Cultive y dirija su voluntad

La mochila no es la que tiene que ser segura, sino la educación, la conciencia, el sentido de otredad, (¿)en resumen(?), el ser humano. A propósito del video de lo ocurrido: si la tarea de los medios es comunicar con responsabilidad y transparencia, la de la audiencia es decidir qué y cómo leer o consumir el contenido, pero por encima de eso, abandonar la indiferencia y asegurarse que tales hechos no se repitan más. Con actos diarios. Con estados de conciencia previamente cultivados y volitivamente dirigidos.

Paso 4. Dele un balazo a la indiferencia

Reza el dicho popular que sólo un perro tropieza dos veces en el mismo hoyo. He visto perros, gatos y humanos felizmente caer -varias veces- en todo tipo de baches. Lo grave del asunto es que parece no haber aprendizaje, lección o para ser vigente con los tiempos, un call to action en torno de todo esto. No ha terminado enero y los madrazos (a la cartera, a la confianza y al alma) no menguan. Pero pasa otra cosa más grave aún: también parece que estos hechos sólo suceden y no nos movemos, ni reaccionamos, ni respondemos. ¿Habrá llegado ese momento en el que por desidia, por miedo, confusión o simplemente por costumbre, dejamos que las tragedias sólo sean? ¿Habremos renunciado sin saberlo a la condición de ser humanos? ¿Perdimos, sin haber comprendido, la cualidad de homo sapiens sapiens?