Paternidades

Nos demos cuenta o no, la crianza y educación que los padres dedican a sus hijos tienen repercusiones directas en las capas y capas que van tejiendo las sociedades

Paternidades

Se dice en la India que las personas que tienen hijos en la misma época no sólo son padres de sus hijos carnales, sino de toda esa generación; y aunque aún suene demasiado hippie para la mentalidad occidental, no es para nada algo lejano a la realidad.

Nos demos cuenta o no, la crianza y educación que los padres dedican a sus hijos tienen repercusiones directas en las capas y capas que van tejiendo el continuo de las sociedades. Probablemente ha llegado ya el tiempo en el que tengamos que ver más allá de los muros de la propia casa. ¿Cuánto sabemos de los niños que tienen la misma edad que los nuestros y que están en la calle haciéndose propensos a ser los delincuentes o la parte más resentida de la sociedad de mañana? ¿Cuánto nos ocupamos de procurar su bien para el bien de todos? ¿Usted qué les enseña a sus hijos: a competir o a ser, a comprender o a desquitarse, a ser nobles o a ser despiadados, a buscar el bien común o a ser egocéntricos?

Tenga hijos o no, como adulto de la sociedad, usted y todos, tenemos el derecho y la obligación de participar en su formación si es que no queremos sorprendernos torpemente después con el cuento de: ¡qué mal estamos! Somos muy hilarantes: queremos darle continuidad a nuestros genes, pero sin cuidar de ellos por entero. Como en un cuerpo, no basta que una célula esté sana, sino que crezca y se desarrolle en un contexto sano, por lo tanto sería congruente pensar que paralelamente a ser padres, se tiene que poner al menos un grano de arena al trabajar con entidades dedicadas a mejorar las condiciones de la sociedad en cualquier sentido: si lo queremos, todos podemos hacernos un tiempo para eso, y para prepararnos más y consumir menos; recordar que para poder recibir hay que dar; hacer lo que esté a nuestro alcance para servir antes de servirnos. Incluso si no es padre biológico, puede adoptar significativamente a toda una generación con la sencilla conciencia de sus actos; no sólo es padre quien engendra, sino quien conduce con aprecio.

Si Dios, o la inteligencia suprema le dará un inmenso regalo como la paternidad, sería muy sano participar del balance dándole a la vida aunque sea un poco de lo que recibirá: plante un árbol, sea buen ser humano, haga buenas obras, siembre conciencia, extienda sus espectros de responsabilidad, ocúpese más de su comunidad, deje de ser apático con su sociedad, y en una sola idea: siéntase más procreador de toda esa generación que un solo padre aislado, pues de lo que usted haga como formador, dependerá lo que hijos de otros padres reciban, y viceversa; y en consecuencia la crianza de una generación completa. No enseñe a sus hijos a vivir como si estuvieran separados de los otros, porque la clara comprobación de que están íntimamente relacionados puede verse en el daño que pueden hacer las palabras hirientes ahora llamadas bullying. Muéstreles el respeto no por no tener problemas, sino por el amor al prójimo que seguramente le fue enseñado a usted como principio básico en cualquier religión que practique. Practique junto con ellos el amor por la vida de la que se alimentarán.

Enséñeles con su ejemplo el camino de la compasión, porque es el principio de la paz en el mundo. Sea consciente de que el planeta entero está construido por países que se conforman de sociedades, formadas por familias, hechas de individuos. No sea ignorante ante esta verdad y tome enserio su papel como creador de este mundo y del futuro que quiere para sus hijos. No marque una división ilusoria entre la desesperanza en la que crecen los futuros adultos de “allá afuera” y los que tiene en casa, pues el cuidado de ambos es la garantía o de la hostilidad o de la armonía que todos en un mismo barco, vivirán mañana.

 

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