El Plan Colombia que preparan para México

La llamada entre el presidente Enrique Peña Nieto y el estadounidense Donald Trump colocó la relación bilateral en un punto de quiebre

Por David Olivo

La noticia cimbró al país y en Los Pinos se les vino el mundo encima. La filtración, la semana pasada, de parte del contenido de la llamada entre el presidente Enrique Peña Nieto y el estadounidense Donald Trump colocó la relación bilateral en un punto de quiebre, en el que difícilmente México saldrá bien librado.

Por una parte, el gobierno de Trump filtró lo que quiso, lo que convenía a sus intereses, lo que realmente le importa a los Estados Unidos. Mandar tropas a un país que sufre (y ha sufrido mucho en los últimos años) por el crimen y la violencia.

Y la respuesta del gobierno mexicano: tibia, como siempre. Más allá de contestar de manera contundente, la estrategia del presidente Peña fue la de desmentir las notas internacionales que replicaban la conversación entre los mandatarios. El gobierno utilizó lo mismo de siempre, la estrategia fallida de siempre, la estrategia de las apariencias, la estrategia que ya no le funciona desde hace más de dos años.

Washington va por todo. El presidente de EU ya demostró que su locura verbal puede concretarse en una locura mundial y llevar al límite las relaciones internacionales, diplomáticas y comerciales. El magnate, playboy y hoy hombre más poderoso del planeta va por todo o nada.

Y su estrategia de enviar tropas a México -porque los militares de aquí no han podido con el narco, con el crimen- tiene que ver con el efecto que tuvo el Plan Colombia, firmado en 1999 para tratar de pacificar a esa nación centroamericana, tan golpeada por Pablo Escobar y el resto de los cárteles y la guerrilla.

El Plan Colombia funcionó en Colombia y ahora lo quieren poner en marcha en México. De entrada, estarían en riesgo casi 2 mil millones de dólares que anualmente EU entrega al país en forma de asistencia económica, técnica y militar para enfrentar al narco.

México ha dependido, por lo menos en la última década, de la Iniciativa Mérida, con la que ha equipado con la última tecnología militar a la Sedena y a la Marina, así como a la Policía Federal, el eje encargado de combatir al narcotráfico.

Helicópteros, aeronaves, radares, armamento y adiestramiento forman parte del apoyo militar estadounidense a México. Todo eso está en riesgo actualmente con el embate de Trump ante un presidente mexicano incrédulo y pasivo.

En las filtraciones del contenido de la llamada entre ambos, el miércoles pasado, se supo que la sorpresa de Peña Nieto fue tal que no supo responder, que balbuceó. Y hacer eso ante Trump es una señal de fracaso, de sumisión, de rendición.

Y para envolverse en la bandera del patriotismo, Peña Nieto -en su sabiduría- acudió el martes al Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México a recibir a un grupo de migrantes indocumentados en EU, que tras ser atrapados por la migra fueron repatriados.

El mensaje oficial fue que no estaban solos, que aquí había empleo para ellos, que era bueno que regresaran a casa. Pero para cientos de migrantes deportados no hay opciones laborales y las pocas que existen ofrecen salarios miserables, que no los ayudarán a salir de su pobreza.

Así que mientras el gobierno de Peña Nieto sigue jugando con su estrategia mediática, en Washington una de las locuras de Trump comienza a convertirse en una triste y peligrosa realidad, porque muchos podrán decir que eso es imposible, que la Constitución mexicana no lo permite y otras cosas.

Sin embargo, hoy día existen canales de amplia colaboración entre México y Estados Unidos, con la operación en tierra de agentes de la CIA, Marines y de la DEA. Estados Unidos está aquí y hará todo lo posible por doblegar a Peña Nieto para que permita un Plan Colombia, un plan que más allá de combatir al crimen y pacificar a una nación, la somete a sus propios intereses.

 

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