Del bocetito con cable al wifi

No sé por qué no dejo de imaginarme que el teléfono con que juega Trump cada día “ a ver a quién asusta”, es igualito de rupestre que el teléfono rojo del Comisionado Fierro de la serie televisiva y a gogó de Batman

Por Fernanda Tapia

No sé por qué no dejo de imaginarme que el teléfono con que juega Trump cada día “a ver a quién asusta”, es igualito de rupestre que el teléfono rojo del Comisionado Fierro de la serie televisiva y a gogó de Batman. Neto que el día se le va en dar su tuitazo de media mañana y aventarse algún round vía telefónica. ¿Qué sería de la política actual si no tuvieran celulares, redes sociales y filtraciones estilo wikileaks?

Sí, lo confieso, soy adicta a mi teléfono inteligente. Es mi memoria externa, mi Pepe Grillo y hasta mi compañía. Cumplo al pie de la letra con la ansiedad ante su ausencia, del síndrome de abstinencia cuando se me acaba abruptamente la pila, y lo que es más, ESTOY CONSCIENTE de que de noche y muerta de sueño, sin nada que leer o enviar, sigo mirando la pantalla luminosa aún sin fijar la vista, porque mi inconsciente cree que algo “bueno y esperanzador” está a punto de emanar de ahí en los siguientes segundos. Sólo tengo que esperar un poco más, un emoji, una oferta (aunque sea spam) y no. Aún no surge de ahí el dedo flamígero del creador ni el as de luz que me hará un ente más evolucionado, pero no por eso debo perder la esperanza. Yo ya no me arrodillo ante figuras de arcilla o ante el becerro de oro.

No, yo miro mi celular. Dicen que las personas (quienes aún no lo eran del todo) en el período prehistórico de unos 5000 a.C., y pué que aún más pa tras, se comunicaban por medio de gruñidos y otros sonidos (primer forma de comunicación). Además, con señales físicas con las manos y otros movimientos del cuerpo: “la comunicación a grandes distancias era bastante compleja”. Digo, a menos que usaran tambores o “anuncios espectaculares” con pintura rupestre.

Cerca del 3000 a.C. los egipcios ya “representaban las ideas mediante símbolos” (sí, esos monitos y cuasi emojis que llamamos jeroglíficos). Así la información podría ser transportada a grandes distancias al ser transcritas en medios como el papel papiro, madera, piedras, muros, etcétera. “Ahora los mensajes pueden ser enviados a grandes distancias al llevar el medio de un lugar a otro”. Y miren qué curioso, en ésa época leíamos de arriba hacia abajo en los rollos, no cambiando páginas, y ahora regresar a hacer lo mismo con nuestras pantallas. Se cree que entre 1700 o 1500 a.C. fue cuando “se estableció un conjunto de símbolos para describir sonidos individuales”, y estos símbolos son la primera forma de ALFABETO, que poniéndolos juntos, forman las PALABRAS. Surgió en lo que es hoy Siria y Palestina. Nomás imagínense transportar rollos de arcilla y que no se despostillaran o humedecieran. Para el 360 a.C. fueron creados los telégrafos de agua que almacenaban información detallada y luego se transmitía por señales de humo o fuego.

Utilizaban una serie de barriles llenos de agua hasta determinado nivel y se tapaban o destapaban de acuerdo a la señal de fuego que correspondiera. Imagínense si mandaban el barril a Iztapalapa con la escasez de agua que se botan, pues se empinaban el vital líquido y pa cuándo descifraban el mensaje. Mucho tiempo pasó antes de que naciera el telégrafo o el teléfono y de ahí, uno giraba una perilla y contestaba una operadora que con sólo decirle la dirección o el nombre de alguien, ¡¡¡ésta lo comunicaba!!! Y no fue sino hasta que un doctor inventó los números de teléfono individuales. Pensó que las telefonistas que sabían los nombres de las personas en pueblos y ciudades para ponerlos en comunicación podían caer enfermas y generar todo un caos. Y luego en Milán cuando una telefonista (operadora) se equivocaba de número, era multada.

LO QUE CALIENTA

430 d.C. Los ROMANOS utilizaron antorchas (sistema óptico telegráfico) puestas en grupos apartados a distancias variantes en la cima de las montañas para comunicarse en tiempos de guerra. Cuando la heliografía o las antorchas romanas fueron usadas, “el enemigo” en muchas ocasiones podía ver la información y descifrarla. Así fue introducido el concepto de CODIFICACIÓN o cifrado de información. Este tipo de comunicación se volvía compleja. Cuando se quería mover información a muy grandes distancias se hacía uso en ocasiones de repetidores. Y de ahí debe haber nacido el “teléfono descompuesto”.

En cambio nuestros ancestros, los AZTECAS, establecían comunicación y contacto por medio de mensajes escritos y llevados por hombres a patín (los heraldos). Los reyes aztecas los hacían correr grandes distancias (entre lo que hoy es la Ciudad de México y el puerto de Veracruz) para traer mensajes, y ya de paso, “pescado fresco”. Y a raíz, porque ni modo que les compraran sus Nike.

En 1794, durante la revolución Francesa, Claude Chappe, científico e ingeniero francés, inventó un sistema de estaciones de semáforos para enviar mensajes a kilómetros de distancia. La distancia entre estas grandes torres (similares a las utilizadas después en el ferrocarril) podía alcanzar 32 km.

LO CHIDO

•Samuel Findley Breese Morse, nacido en 1791, en Charlestown, Estados Unidos, perfeccionó en este año su código Morse para telegrafía después de su presentación al mundo en 1835. Gracias a este avance se realizó la primera transmisión telegráfica entre Washington y Baltimore el 14 de mayo de este año. El mensaje que transmitió fue un pasaje bíblico. Bueno, ¿qué esperaban? ¿algún discurso de Donald Trump?

•¿Recuerdan que antes los teléfonos se marcaban mediante un “disco” y no con teclas? Bueno, los inventores en 1896 fueron los hermanos John y Charles Erickson, junto con Frank Lundquist. Y claro que esos apellidos suenan a una compañía telefónica.

•En 1945 un gran escritor de ciencia ficción llamado Arthur C. Clarke propuso la utilización de los satélites geoestacionarios para los sistemas de comunicaciones de cobertura mundial. Y los celulares ya se predecían en Batman con teléfonos espías disimulados como hot dog. O también con el zapatófono de el Súper Agente 86.

ARRIBA

Samuel Morse inventa el telégrafo en 1938 y la patente la obtiene en 1848. La primer comunicación de voz tuvo lugar el 10 de marzo de 1876. Bell y Watson logran transmitir una señal de voz con un cable eléctrico. La primer frase fue: “Mr. Watson, come here, I want you!” (“¡Sr. Watson, venga aquí, lo necesito!”) Bell aún no tenía 30 años.

ABAJO

Existen registros históricos de que Elisha Grey, contemporáneo a Bell y también inventor, trabajaba en un invento similar a éste y en una amplia bibliografía en la que se presentan estudios sobre la época y la historia de la invención del teléfono, se señala que Bell no sólo robó ideas a Grey, sino que además habría sobornado al inspector de patentes encargado del registro de las creaciones.

PARA PENSARLE

Entonces ¿quién carambas inventó el teléfono? Ni Bell ni Grey, según arduos estudios. Resulta que Bell también había tenido acceso a los materiales de Antonio Meucci, un inventor inmigrante de origen italiano, 16 años antes de patentar el teléfono como su invento. Meucci había creado un dispositivo básico con características muy similares en 1860 y lo llamó el teletrófono, una suerte de telégrafo parlante. En 1830, Meucci se encontraba de viaje en Cuba, y mientras trabajaba en métodos para el tratamiento de enfermedades con descargas eléctricas, notó que los sonidos pueden viajar por los impulsos eléctricos a través de cable de cobre, dejando registros al respecto.

Reconociendo el potencial hallazgo, se trasladó a Staten Island, cerca de Nueva York, en 1850, con el fin de desarrollar sus ideas y trabajar en la creación de un dispositivo que lo plasmara. La tragedia fue que las penurias económicas y una adaptación fallida a las tierras norteamericanas, acabaron por dejar a Meucci en la ruina. En 1871, después de un gran esfuerzo, presentó un escrito renovable de un año para una patente inminente con la cual registrar su creación por 250 dólares; sin embargo, tres años más tarde, el italiano no tenía ni los 10 dólares necesarios para renovar su derecho a la futura y prometida patente. Poco después envió un modelo y detalles técnicos a la compañía de telégrafos Western Union, pero no logró siquiera un encuentro. Como si fuera poco, en 1874 se le informó que sus materiales no le serían devueltos ya que “se habían extraviado”.

 

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