Instrucciones para ver la placa del coche de adelante

Para ser leídas con: “Atlas, Rise!” de Metallica

Por Eduardo Navarrete

Life is too short for traffic.
-Dan Bellack

Paso 1. Funcione como dictan los clásicos

En ciudades donde el ritual de repletar las calles perece una vocación cotidiana, siempre será útil la distracción al servicio de la cordura momentánea. A pesar de que Freud dijo con una claridad que sólo Trump y los Bad Hombres pueden presumir, que el ser humano es un“neurótico funcional”, usted está en todo su derecho para consolidar tal señalamiento como mejor le convenga.

Paso 2. Use cada segundo de manera provechosa

Primero atrévase a ver que empieza a volverse loco mientras el Tetris vehicular se consolida. Voltee a todos los puntos cardinales y note cómo hay latas (y neuróticos funcionales habitándolas) por todos lados. Probablemente lo que lo asfixia no es la falta de espacio, sino el exceso de atención. No poder bostezar, sacarse un moco, abrir una sucursal de su estética, leer el horóscopo extendido, enlazar todas las llamadas telefónicas que merecen ser hechas en tiempo de desperdicio y todo lo que en teoría está prohibido por la naturaleza y por la ley, todo eso hágalo al unísono.

Paso 3. Tenga un costal de argucias bajo el retrovisor

Cuando se aburra de organizar el mes y haya avanzado sólo 50 metros, suspéndase por tránsito. Hay quien apaga el motor, usted puede apagarse. Cuidado, que hay quien se sale del auto como si con eso el origen de la aglomeración desapareciera al ser vista a kilómetros de distancia. Pero pruebe de todo: desde dar play a su audiolibro de los cuatro acuerdos y decretar que llegará a tiempo a donde vaya. Puede también buscar figuras divertidas en las nubes (como la de la puerta de su cochera abriéndose); contar autos amarillos, apostar a que en la siguiente oleada de avance vial romperá el récord de los 5 km/h; adivinar historias en los rostros en roaming de los vecinos de tránsito, jugar a descifrar el Morse del punto y raya en el pavimento; alienarse y cobijarse con su propio diálogo interno, o pasar al siguiente paso.

Paso 4. Permita que avance su vocabulario, si no lo hace su auto

Si ninguna de las ideas antes mencionadas surte efecto, juegue a encontrar sentido a las placas de los autos contiguos. Hay tantas variantes como puntos Imeca en el aire. Por ejemplo: las aceptadas por la Academia sugieren que las tres letras en la matrícula hagan completo sentido. De ser así, tendrá derecho para asestar un golpe en la pierna de su acompañante. En caso de que conduzca solo, puede elegir entre su pierna izquierda o derecha. Difícil decisión. Otra apreciada variante es poder colocar letras intermedias y armar una nueva palabra, y de ahí retarse a hacer una más, y así sucesivamente hasta que avance el coche de adelante. MAD, SHE, SEX, (el orden no es necesariamente historia autobiográfica), PRI, PRD o PAN, PEZ, TRI, SUR, RGB, MAS, TKE, USA, SEE, RSS, KRA, UNA, MAC, SHY, JPG, UHU son algunas piezas que valdrán un golpe.

Paso 5. Entienda y enarbole la función de la placa

Jugar a encontrar sentido al sinsentido es una opción más heroica que terapéutica. Puede elegir entre eso o frustrarse el trayecto envuelto en su hojalata móvil. Después de todo, la placa es una extensión del auto, que es una extensión de la persona. Que es una extensión de quién sabe en lo que usted crea. Eso sí, tal como su creencia, la función de la placa es brindar identidad y unicidad. Matricular el auto es lo más parecido al nombre y al apellido en una mascarada vial, donde por cierto, para este momento, sigue sin avanzar el tránsito.

 

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