Esposas, Queridas y otras parejas históricas

Es difícil imaginarnos que el Día del Amor y la Amistad haya tenido su origen en las Lupercales: fiestas llenas de sexo, sangre e iniciaciones

Podría ser difícil imaginarnos que el festejo tan teto del Día del Amor y la Amistad –con ositos de peluche y chocolates de corazoncito– haya tenido su origen en las Lupercales: fiestas llenas de sexo, sangre e iniciaciones. De ahí al AMOR ROMÁNTICO no pasaron ni 500 años d.C. Y entonces, censuradas y cristianizadas semejantes festividades, nos llevan a hacer un recuento de parejas. Porque recuerden que sólo se permitía un “él” y una “ella”, creando los mitos y las realidades funestas de parejas que normalmente no empezaron o no acabaron muy bien

Prefiero arrancar con los de a de veras, que además no le piden nada en tortuosidad a los amantes de mentiritas, gestados por la imaginación sádica de algún #ForeverJalón. Cleopatra y Marco Antonio, tengan pa que se entretengan. Al parecer, Cleopatra de ninguna manera se parecía a Lis Taylor, quien la llegó a representar en la pantalla grande. Y mucho menos era virgencita y regaba las flores; sin embargo, después de haberse pasado por las armas a quien hiciera falta con tal de satisfacer sus propios antojos y entablar relaciones internacionales (muy diplomáticas eso sí) cayó en los brazos de Marco Antonio… y ahí sí fue a “perder”. Cleopatra era la reina de Egipto y en el 42 a.C. , conoció a Marco Antonio, un general romano enemigo. Se hicieron cambio de luces y chocaron sus defencitas. No tenían suegrita estilo Catalina Creel; sin embargo, un pequeño detallito ensombrecía su felicidad: el romance daba al traste con las ambiciones políticas del Imperio Romano. Hay expertos que aseguran que “enamorarse es ponerse de acuerdo con la otra persona para hacer el ridículo público”, pero los hay quienes exageran. Según el historiador Plutarco, Marco Antonio: “no estaba en posesión de sus facultades, parecía estar bajo los efectos de una droga o brujería. Estaba siempre pensando en ella, en vez de pensar en vencer a sus enemigos”. No cuidó el “frente de batalla” ni la “recaguardia”. Total que se armó una rebambaramba. Y cual si hubiera habido redes sociales o revistas del corazón, corrieron la mentira de que La Cleo había muerto. Marco Antonio se la creyó, y siguiendo “una promesa que se habían hecho mutuamente de que uno seguiría la muerte del otro”, bien cumplidor se suicidó. Hay versiones que cuentan que Marco Antonio se mató luego de perder la batalla de Actium. Y es entonces cuando la morenaza de fuego se quita la vida dejándose morder por serpientes venenosas. Los arqueólogos le han rascado más que para la Línea 12 del Metro, pero las tumbas de ambos fueron escondidas, a petición de Cleopatra, y hasta ahora no han sido encontradas. Otra historia muy interesante es la de Hernán Cortés y La Malinche o Malinalli. Algunos creen que su madre no la quiso y la dejó con la abuela. Ya desde ahí aprendió a dominar náhuatl y maya. La abuela cuelga los tenis y Mallinalli es vendida como esclava por su propia madre (bue’ eso sigue sucediendo en pleno XXI). Pasa por varios “dueños” hasta ser regalada a Hernán Cortés. Imagínense los odios acumulados. Y como es bilingüe, les cae como “anillo… al dedo” a los conquistadores. Cortés pagó sus años de amor y servicios con algunas propiedades, pero le dio el adiós cuando llegó la dueña de sus quincenas desde España. Nunca sabremos si apoyó con estrategias a Cortés por amor o para vengarse de los aztecas de quienes fue prisionera.

Lo chido

•Yoko Ono y John Lennon conforman la pareja más representativa y controversial de los años 60. Entre hippismo , pop art y beatlemanía, Yoko (artista plástica japonesa) y John se conocen en una galería de arte en Londres en 1966. A partir de ese momento, Yoko, de 33 años de edad, decide perrear a Lennon, quien tenía 27 años y cuya fama como parte integral de Los Beatles ya había trascendido las fronteras. En 1969, John y Yoko contraen matrimonio. Los primeros momentos de la pareja estuvieron marcados por una locura que llegó a su máxima expresión en la luna de miel, cuando la pareja se pasó siete días acostada en la cama de la Suite Presidencial del Hotel Hilton en Ámsterdam recibiendo a periodistas y exponiendo su mensaje de paz mundial.
•Eduardo VIII (heredero al trono de Inglaterra) y Wallis Simpson (nortamericana casada y a la que los más benévolos definían como atractivamente fea). Su amor por ella le costó el trono de Inglaterra. Se conocieron en una fiesta, a la que Wallis asistió con su segundo marido, Ernest Simpson, la química entre ambos fue instantánea y aunque todavía seguía oficialmente con Simpson, Wallis fue presentada a los monarcas como la pareja de Eduardo. Por supuesto los futuros suegros no vieron a la prometida de su hijo con buenos ojos, tampoco lo harían la Iglesia anglicana, ni el Parlamento británico, por lo que al final Eduardo tuvo que elegir entre la corona o la mujer que amaba y contra todo pronóstico eligió a esta última.

Lo que calienta

Napoleón Bonaparte y Josefina de Beauharnais. Cuando conoció a Napoleón Bonaparte, Josefina era una hermosa viuda de 32 años con dos hijos y miembro de la socialité parisina post revolucionaria. Napoleón sólo tenía 26 años y era un soldado ambicioso y alcalde de París. Él comenzó a cachetear las banquetas por Josefina, pero ella lo FRIENDZONEÓ, pues ya tenía un amante que la sostuviera con todo y vástagos. Cuando el amante la batea por otra, Josefina le da vida a Napito, y aunque la verdad lo trataba horrible, él la coronó emperatriz y la aguantó hasta que “se cansó de rogarle”. Lo que derramó el vaso de agua no fueron ni los cuernos que la Chepa le ponía, sino que nunca pudo “darle un hijo”. Ella murió en 1814, y según el doctor, falleció por tener el corazón roto.
• (DE NOVELA) Ana Karenina y el Conde Vronski (León Tolstói): Ana Karenina renuncia a todo (marido, riqueza, respeto social y ¡hasta a su hijo!) por seguir lo que le marca el corazón. Yo no dejaba de repetir: ¡pero QUÉ necesidad! Y luego su amor por el Conde Vronski, ni parece funcionar taaaan bien. Por si acaso aún hay alguien que no haya leído el final de este clásico ruso, lo dejaremos ahí. Ana Karenina es, de hecho, uno de esos libros imprescindibles que todo el mundo debe leer al menos una vez en la vida.

Para pensarle

Hasta Hitler tenía su corazoncito. Tratándose de alguien tan complicado como Adolfo Hitler es muy difícil saber si realmente amó a Eva Braun. Lo cierto es que la consigna difundida por Goebbels era: «el Führer no tiene vida privada. Se dedica día y noche al pueblo alemán» y, por tanto, la existencia de Eva siempre fue ocultada. Por otra parte, los desaires de Adolfo hacia Eva fueron constantes. La pareja se conoció en 1929 en el estudio del fotógrafo Hoffmann, donde ella trabajaba. Durante mucho tiempo su relación fue inocente. Él le traía flores y chocolates y charlaban de manita sudada en la tienda. Luego empezó a invitarla al cine o a llevarla de picnic. Eva y Adolfo se convirtieron en amantes a principios de 1932. Ella siempre confió en que se casarían, pero las intenciones del dictador no eran esas. El 1 de noviembre de 1932, harta de que él la esquivara, se pegó un tiro en el cuello. La bala pasó cerca de la yugular, pero no causó gran daño. Para llamar su atención, el 28 de mayo de 1935 intentó otro suicidio, esta vez con somníferos. En las veintidós páginas que se salvaron de sus diarios se refiere a ella misma como «yo, la amante del hombre más grande de Alemania y del Mundo». Finalmente Eva abandonó su trabajo y Hitler le puso una casa propia. Eva Braun tenía libertad, salía con sus amigos o iba de viaje con su madre. Sin embargo, en público Hitler jamás reconocía su relación. Eva le llamaba «mi Führer», aunque combinándolo con el tuteo, y Hitler, en privado, la llamaba Evchen o «Tontita». En 1938 Hitler dio un nuevo paso hacia ella y la nombró beneficiaria de su testamento. Sin embargo, la convivencia no fue un camino de rosas: Eva fumaba a escondidas y no podía salir de su habitación cuando venían invitados importantes.

Abajo

El emperador le mandó a hacer el monumento mortuorio más fastuoso y una de las maravillas de la humanidad: el Taj Mahal. Cuando este hombre quiso empezar a construir su propia tumba toda de negro justo enfrente de la de su amada con el río en medio, uno de sus hijos se la hizo de pex, lo retó, lo derrocó y, pa mí, que lo mandó incinerar, porque la tumbota no se construyó.

Arriba

El emperador Shah Jehan y Muntaz Mahal: su amor inspiró una de las siete maravillas del mundo y el monumento más famoso de la India, el Taj Mahal. El heredero del Imperio Mogol sentía maripositas en el estómago por una princesa musulmana que siempre andaba persa, ah no, perdón: persa-musulmana, convirtiéndose en su segunda esposa y favorita de la corte.

 

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