El poder del voto

Académicos, diputados y consejeros electorales coincidieron en que son indispensables cambios al modelo, toda vez que el actual ha llevado a una crisis de representatividad

Por David Olivo

La democracia en nuestro país cuesta mucho. Este costo es político y económico. En ambas es dolorosa: en la parte política la democracia a veces llega manchada de sangre y en la parte económica también sangra, pero a los bolsillos de todos los mexicanos.

La semana pasada se celebró en la UNAM el seminario titulado ¿Se debe reducir el financiamiento de la política?, organizado para discutir y analizar el costo de nuestro sistema político. Académicos, diputados y consejeros electorales coincidieron en que son indispensables cambios al modelo, toda vez que el actual ha llevado a una crisis de representatividad.

En el foro se presentó una conclusión contundente, según diversos estudios universitarios presentados: el costo de la democracia mexicana es el más alto de América Latina: 18 dólares por voto contra 29 centavos de dólar en Brasil.

Pongamos de ejemplo los comicios del 5 de junio de 2016: el costo de las elecciones del año pasado ascendió a 8 mil 520 millones de pesos, casi el doble de lo que costaron en 2010, incluyendo los presupuestos de los institutos electorales estatales y los gastos ordinarios de los partidos, pero excluyendo los gastos de campaña.

Si se divide esta cantidad entre los 29 millones 708 mil 414 votantes registrados en la lista nominal de estas entidades hasta junio de 2016, cada sufragio costó 286 pesos. Sin embargo, si se toma en cuenta que la participación ciudadana fue de 53%, entonces el costo se dispara hasta 611 pesos por voto.

Al costo económico de la democracia, de cada voto, lo que también paga políticamente es la pérdida de representatividad entre la clase política y la ciudadanía.

Pedro Kumamoto, el legislador independiente de Jalisco, impulsa la iniciativa “Sin voto no hay dinero”, la cual plantea que los candidatos y partidos que quieran financiamiento público luchen por conseguir el voto, logren conseguir que la ciudadanía vote por ellos.

Esta iniciativa pudiera tener razón en el sentido de que la estructura de los partidos, sus códigos, sus jerarquías internas, su palabrería, sus ritos y toda su parafernalia lo único que genera es desconfianza entre los electores.

A final de cuentas, la iniciativa propone que no se tome como referencia el total de empadronados sino el total de votos válidos en una elección, para que en caso de que menos de la mitad de la gente registrada en el padrón acuda a las urnas se traduzca en un ahorro de más de la mitad del dinero destinado a los partidos. Esta sería una fabulosa manera de castigar su falta de representatividad.

De acuerdo con algunos sondeos, solamente el 10% de la ciudadanía se siente identificada con un partido, pues la mayoría de los pocos que votan lo hacen por el candidato.

Con el voto, con el sufragio, México está cambiando. Así ha sido en los últimos años y así seguirá siendo. En los comicios del año pasado, el voto de castigo provocó la alternancia en ocho de los 12 gobiernos en disputa, entre ellos en Veracruz, Chihuahua, Quintana Roo, Tamaulipas y Durango, todos gobernados por el PRI, cuya herencia fue la violencia y corrupción.

Contrario a lo que se piense, la sociedad mexicana está siendo más crítica, la ciudadanía tiene el poder de castigar a los malos gobernantes, a los malos legisladores, a los malos alcaldes. Y la gente tiene el poder de cambiar el estado de las cosas, de quitar gobiernos, de mandar a la cárcel a los corruptos. De eso se trata la democracia, de castigar a los malos políticos y darle la confianza a los mejores cuadros.

Y este 4 de julio, la sociedad tendrá la nueva oportunidad de expresar su inconformidad a los malos gobiernos de Nayarit, Coahuila y Estado de México. Los tres gobernados por el PRI y los tres con altos índices de criminalidad y corrupción. El Edomex es líder en feminicidios, por ejemplo. Y en Coahuila quedó demostrado que los Moreira lo transformaron en un narcoestado.

Tras las protestas y saqueos provocados por el mega gasolinazo de enero de este año, el gobierno federal decidió cancelar los de febrero; sin embargo, el daño está hecho y la ciudadanía de nuestro México no olvida. Este 4 de junio podrá cambiar la situación en estas entidades, podrá remover los malos gobiernos y podrá hacer posible la alternancia en Coahuila y en el Estado de México, tan urgidos de un cambio. Este 4 de junio ¡sí se puede!.

 

 

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