Instrucciones para que lo orine un perro

Para ser leídas con: Little Black Dog, de The Peeks

Paso 1. Miente madres. Y snapchatee.

Pobre día, todavía no sabe que será un fracaso. Si tan sólo hubiera una app con la que pudiéramos recibir alertas de días del diablo, el celular tendría una posición un poco más digna en nuestras vidas. Pero independientemente de la premonición, los días de perros tendrían que ser de asueto, aunque es cierto que uno tiene el día que merece. Por eso, para que lo orine un perro, no hay que hacer demasiado. Genere las condiciones para que así le vaya, invierta un poco de su tiempo en lamentarse y por favor publique sus maledicencias en Facebook, si no, no cuenta ser orinado por el mundo.

Paso 2. Pare

Si por alguna razón las cosas en el día no salen como las había anticipado, discúlpese con el mundo y dígale que se trata de un chiste interno que tiene con sus amigos imaginarios. Si hasta caminar le está saliendo mal, siéntese en una banqueta (vea que no haya perros a su alrededor) y piense que todos somos sobrevivientes de nuestra propia torpeza. Si esto lo hace sentir mejor, levántese y abrace la vida. Si no le sirve, posponga su día y bájese del mundo. No sólo se vale, se debe.

Paso 3. No la espere, ella sabrá cuándo llegar

No tiene que ser martes 13. Tampoco viernes, ni se debe oscurecer el cielo o llover a cántaros. No tendrán que cruzar por su camino gatos negros ni deberá pasar por debajo de una escalera. La chingada, la verdadera y elegante chingada, lo carga a uno en el momento que menos la espera. Esa es su mayor virtud, por si no lo había notado ya. Como buenos hijos de la mismísima, tendríamos que haberle aprendido varias cosas, pero hasta para eso la memoria nos falla. Cuando ella se hace presente, la diplomacia y las formas se esfuman. Le piden para hoy el informe que tendría que entregar dentro de dos semanas que por cierto, tuvo cuatro meses para preparar; su novia demanda su preocupado trasero en la comida de cumpleaños de la suegra, quien por cierto, es tan elocuente como la misma chingada; quedó de salir, después de nueve cancelaciones con los que fueron sus mejores cuates; su mamá le habla para ver por qué no la visita al rato en lo que podría parecer algo peligrosamente semejante a un chantaje; y, de remate, se descompone su auto por exceso de mantenimiento y supervisión. Bajo una tormenta y sin pila en el celular. Adivine quién hace su aparición.

Paso 4. Vea que en el fondo, es usted bueno

Lo paradójico es que todos somos buenos cuando queremos, pero no siempre queremos porque entonces seríamos constantemente buenos y eso puede convertirnos en clichés. O al menos, esa es una estupidez que suele cruzar la mente cuando el ocio anuncia su costumbre.

Paso 5. Evapore el orín

¿Por qué no se pregunta si en realidad fue el perro el que lo orinó o usted fue quien, con sus acciones y pensamientos, quien le rogó al perro que lo orinara? Lo más sencillo es pensar que todo opera a modo de complot universal en contra de la paz y de la higiene mental de usted. Justo esa higiene, es la que hace que un problema sea nombrado como tal. Y en eso se convierta. El principio de la percepción, por lo menos puede obrar para que en lugar de un orín, sea un atisbo de presencia el que caiga sobre usted. Por lo menos no olerá así.

 

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