Instrucciones para amarrarse una agujeta

Para ser leídas con: Shoelaces, de The Submarines

Fallacies do not cease to be fallacies because they become fashions. G.K. Chesterton

Paso 1. ¿Qué le dicen sus agujetas?

Uno no cae por azar. Se lo merece. Y una agujeta desamarrada es sólo el medio. Ya sea para caer en cuenta o para contar la caída. La vida de una agujeta tiene una complejidad pocas veces volteada a ver. Entre los nudos a los que se expone y los golpes de la vida diaria, pocos recuerdan que tiene la misión de dar un respiro, tres jadeos y apretar -lograr tensión- en un mundo que se define a partir de ello.

Paso 2. Entienda por qué y para qué se amarran

Cuando la agujeta padece estrés postraumático o se le da la gana detener el mundo por un instante, echa mano de su escurridiza inconsistencia y como todo proceso egoísta, titubea, voltea a ver el reloj, calcula el momento decisivo y pasa lista a los distraídos (¿O no, PricewaterhouseCoopers? Por eso las agujetas parecen no tener dueño ni mentor. Son de ese phylum que por la calle presumen que asaltan bancos a caballo y pasan por la comisaría lanzando un puñado de monedas como signo de mala voluntad. Son voluntariosas. Necias. Por eso sólo se les mantiene quietas amarrándolas.

Paso 3. Mucho cuidado

Algo muy claro es que el momento más vulnerable en la histeria (sic) de un hombre es el espacio en el que sucede la convicción del “voy a amarrarme una agujeta” y “estoy dispuesto a pagar un muy alto precio por ello”. ¿Cuántas personas ve usted a diario que se amarran una agujeta? No muchas, ¿cierto? Hay quienes deciden caminar como si portaran esquíes o simplemente no caminan con tal de no exhibirse como estatua afectada por la voluntad de un par de cuerdas. Desde donde quiera verlo, se trata del momento idóneo para que el enemigo ataque. Sus enemigos son amigos de sus agujetas. Recuérdelo siempre. Probablemente sea por eso que las ingeniosas y hábiles mujeres hayan sacrificado -en su mayoría- las agujetas por el tacón. Es preferible arruinarse los dedos de por vida que estacionarse en la postura de avestruz contemplativa para amarrarse una agujeta.

Paso 4. Agradezca a sus agujetas

Pero saludando el legado de comodidad que obra en el manifiesto del Partido de la Zona del Confort, jamás nos pondríamos tacones en aras de saber lo bien que se siente estar cerca del piso, aunque corramos el riesgo de ser sorprendidos por un comando de sicarios al momento de agacharnos y ocupar las manos para controlar la huidiza agujeta. Por eso es indispensable -primero- detectar si la estrategia de vida es la estética, la comodidad o la funcionalidad: para saber qué tipo de zapato y agujeta portar, hay quien usa zapatos que no sean para caminar: ¿para qué usará la cabeza? Luego conviene respetar y laurear el amarrado del calzado. Procure que el paso sea contundente, pero sanamente flexible, con una generosa tensión que no ate también el andar. Si por algún lamentable suceso ocurre que las serpientes de tela reten al equilibrio y a la destreza en tránsito, será necesario saber que un alto total es el encuentro del atajo más propicio. En otras palabras, atento, que con ello puede convertir cualquier problema en una plataforma de crecimiento.

 

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