El arte de gobernar

Cada año comienza la pasarela virtual: aspirantes pagan pautas comerciales en medios impresos, radio o televisión, para venderse como la mejor opción

Por David Olivo

Sistemáticamente, cada año, después del proceso electoral en turno, arranca el siguiente. Los “autodestapes” son lo mismo de cuadros experimentados, de ex candidatos e incluso de intelectuales o independientes, que de aspirantes fracasados o en decadencia.

Cada año comienza la pasarela virtual: aspirantes pagando pautas comerciales en medios impresos, de radio o televisión, no para presentar sus propuestas, sino para venderse como la mejor opción, la alternativa para lograr el “cambio”, cuando en el fondo lo único que buscan es conseguir (o recuperar) un poco de “poder”, ese poder político que en automático lo traducen en económico.

Sin embargo, pocos, muy pocos, tienen realmente la calidad moral, la preparación profesional y la experiencia política para ocupar un cargo de elección popular, de la índole que sea.

En meses recientes, un puñado de ex gobernadores (todos emanados del PRI) han dado clases de cómo se puede hundir un estado en seis meses o de cómo enriquecerse ilegalmente en un sexenio. Y lo peor es que todos ellos están libres, unos a salto de mata, otros porque la autoridad judicial así lo permite, etcétera.

Pero todos nosotros, más que hartazgo, sentimos que ya no nos merecemos esta clase de gobernantes o representantes. El país esta en una etapa muy sensible y más por los excesos e ineficiencia de este sexenio, tan salpicado de casos de corrupción y grandes escándalos.

Pero tener mejores gobernantes es fácil: con el voto ciudadano que sea un voto de conciencia de castigo. Y medirlos también es fácil: con diversas encuestas y mediciones. De esta manera la ciudadanía tiene elementos para perfilar su voto a los candidatos de los partidos que demuestran gobernar con honestidad, con calidad, con liderazgo y con inteligencia.

La última medición de gobernadores, de SDP, revela datos sobresalientes: la calificación media de los 31 gobernadores y el Jefe de Gobierno de la Ciudad de México es de 29.3, es decir, todos están reprobados según dicha encuesta. Sin embargo, entre los gobernadores con calificaciones más altas destacan Miguel Márquez de Guanajuato, José Rosas Aispuro de Durango y José Antonio Gali de Puebla. Todos ellos del PAN.

Respecto a sus niveles de aprobación, el promedio es 36.7%, pero cinco gobernadores superan el 50% de aprobación: Miguel Márquez de Guanajuato, Rosas Aispuro de Durango, Zapata de Yucatán, Claudia de Sonora y Martin Orozco de Aguascalientes. Tres lugares de cinco para gobernadores de Acción Nacional.

Un dato extremadamente relevante es que Manuel Velasco, de Chiapas, es el gobernador con la calificación más baja y quien menor porcentaje de aprobación tiene. O sea, es el peor de entre los peores. Su origen político es el Verde Ecologista, pero el que lo impulsó a la gubernatura fue el PRI. Este personaje, de entrada, aspira (y no es broma) a la Presidencia de la República.
Otro dato interesante es que en la medición destacan dos gobernadores priistas, de un total de 15 que actualmente ocupan palacios de gobierno y ninguno del PRD, ninguno de sus cuatro. Y el independiente de Nuevo León tampoco figura.

A todos estos malos gobernantes se les ha olvidado que el arte de gobernar se mide por la capacidad para poner en práctica sus proyectos políticos y sociales, conciliando intereses y superando los obstáculos propios de la realidad y de los opositores, buscar el bien común para la ciudadania.

En el camino hacia el éxito el gobernante se topa con enemigos, adversarios, oportunistas y traidores quienes después de la adulación y la supuesta incondicionalidad, son capaces de apuñalar por la espalda. Quizá por estas dificultades, en ocasiones el funcionario “supone” que debe recibir más que su simple salario y entonces hace lo que hemos visto en los últimos meses: vacías las arcas públicas para beneficio personal, ya no digamos de grupo o partido, sino personal.

Ojalá y todos ellos pudieran reflexionar como Blanca Cotta: “Quizás el arte de gobernar sea precisamente eso: el arte de saber valorar al pueblo y esforzarse por alentar y cumplir sus sueños”. Ojalá.

 

TE RECOMENDAMOS:

 

Contenido Patrocinado
Loading...
Revisa el siguiente artículo