Las malas decisiones

Sí, para bien o para mal, prácticamente todo lo que hacemos previamente termina repercutiendo tanto en nuestro presente como en nuestro futuro

Nos guste o no, y esto no sólo se ciñe a las relaciones de pareja sino a nuestra vida en general, nuestro pasado nos condena. Sí, para bien o para mal, prácticamente todo lo que hacemos previamente termina repercutiendo tanto en nuestro presente como en nuestro futuro. Por eso, es importantísimo que al momento de tomar algún tipo de decisión (por muy insignificante que ésta pudiera parecernos) lo hagamos totalmente convencidos de que ésta será siempre la mejor que pudimos tomar porque, lo crean o no, tarde o temprano (cuando hemos decidido de forma incorrecta) el peso de éstas terminarán sepultándonos e incluso afectando a aquellos que más nos importan.

Sin embargo, lo importante al momento de tomar una buena decisión para que eventualmente no se acabe convirtiéndose en una mala decisión es que hombres y mujeres por igual primero debemos tener bien definidos tanto nuestro catálogo de valores como nuestra lista de prioridades, porque una vez que tenemos bien definidos ambos lo más seguro es que eso nos permitirá tener un carácter y un criterio lo suficientemente sólidos para poder ir por la vía correcta.

En una primera instancia tenemos que empaparnos de algo que muchos conocemos como sentido común, el cual no es más que los conocimientos y las carencias compartidos por una comunidad o una sociedad y que son considerados como prudentes, lógicos y válidos, y nos permiten adquirir una especie de capacidad natural para juzgar todos los acontecimientos que suceden a nuestro alrededor de forma razonable. Cabe destacar que el sentido común se va robusteciendo de acuerdo al tipo de experiencias que va experimentando a lo largo de su vida cada individuo, pues su buen o mal juicio dependen la mayoría de las veces de éste. Por eso es que cuando metemos la pata o la regamos muchos señalan que carecemos de sentido común.

Por lo regular, cuando tomamos una mala decisión es porque no contamos con la información suficiente para tomar la decisión correcta o, en su defecto, tenemos la información pero no sabemos interpretarla adecuadamente. Un ejemplo muy claro podríamos tomarlo de las relaciones de pareja en las que los protagonistas, tras apenas llevar un mes de conocerse, deciden involucrarse sexualmente sin siquiera tener el conocimiento suficiente del carácter, creencias y hábitos de uno y de otro. Eventualmente estas dos personas podrían descubrir que no son lo suficientemente compatibles como para abrazar una relación comprometida y a largo plazo, pero de pronto la mujer descubre que ha quedado embarazada, porque además tuvieron sexo sin protección… ¡vaya mala decisión! No. Mala no… ¡pésima!, ¿no creen?

 

 

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