Poder civil, no militar

Al igual que Miroslava, a diario hay miles de personas que viven amenazadas: periodistas, estudiantes, empresarios y amas de casa

Por Armando Ríos Piter

Miroslava Breach, la periodista asesinada en Chihuahua, se dedicaba a hablar de la parte violenta, herida y corrupta de nuestro país. Ella se atrevía a denunciar. Desafió los miedos que tienen paralizada a la sociedad y la justicia, y finalmente terminó siendo víctima de ese México ensangrentado.

Al igual que Miroslava, a diario hay miles de personas que viven amenazadas. Periodistas, estudiantes, empresarios y amas de casa, ven cómo sus sueños se escapan por la coladera de la violencia y la impunidad; y mientras, en el Congreso, la discusión sobre las soluciones se hace chiquita.

Se está centrando en si el ejército debe seguir en las calles o debe regresar a sus cuarteles, cuando en muchas regiones la gente pide que no se vayan las fuerzas armadas, porque no hay quien los cuide, mientras del otro lado hay quejas por violaciones a los derechos humanos por parte de militares.

Es cierto que una buena parte de la población civil, siente mayor seguridad ante la presencia militar. Pero también lo es que, la permanencia prolongada en las calles provoca un acercamiento entre los bandos criminales y castrenses que llega incluso a corromperlas.

Hay que reconocer que en este momento, para amplias regiones del país, regresar a sus cuarteles a los soldados significaría entonces dejar a la población a merced del crimen y por lo tanto, esta es una razón por la que el ejército debe permanecer aún en las calles. Sin embargo, también es evidente que en los 10 años transcurridos desde el inicio del combate al narcotráfico, el ejército no ha resuelto el problema. Por lo que centrar el debate en dejar o no a las fuerzas armadas en las calles es reducir la visión. Debemos aceptar ya el fracaso de la guerra contra el narcotráfico y también el del poder civil para protegernos.

La solución es regular el papel del ejército en las calles, pero sobre todo limpiar y fortalecer a las policías civiles, y determinar con toda claridad, cuándo van a estar listas de verdad, para asumir su función y así el ejército pueda regresar a sus cuarteles.

Por ello, el objetivo de la discusión tiene que ser en torno a cómo fortalecer al poder civil, y no en cómo seguir utilizando al poder militar. Un punto clave es la responsabilidad de aquellas autoridades que prefieren coludirse con la actividad criminal, en lugar de proteger a la población; es decir, autoridades que corrompen su razón de ser.

El proyecto de ley que hoy se discute en el Congreso, debe ser rechazado en los términos que se presenta. El enfoque debe definir con toda claridad los tiempos en que las fuerzas civiles estarán fortalecidas y capacitadas para garantizar la protección a la ciudadanía, y sobre todo, es indispensable dialogar con el ejército, y que podamos conocer de primera mano sus retos y balances.

Esta discusión se trata de querer un futuro como país y creer que podemos recuperar la paz perdida.

Sirva este espacio para reconocer el trabajo de las y los periodistas de México, porque sin su trabajo la sociedad se queda sin voz y la democracia muere.

Miroslava decía a sus compañeros: “no hay que detenernos”. A todas y todos los que en medio del clima adverso seguimos creyendo y queremos luchar por algo mejor, a todos los policías honestos, a la sociedad, escuchemos y participemos en la construcción de una mejor realidad: “no hay que detenernos”.

 
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