La corrupción que gobierna

Ahora fue el turno de la detención de Javier Duarte y Tomás Yarrington, dos ex gobernadores acusados de robar y aliarse con el crimen organizado

La corrupción que gobierna

Los malos gobernantes salen de todos los partidos políticos, y por eso las noticias de corrupción no paran.

Ahora fue el turno de Javier Duarte y Tomás Yarrington, dos ex gobernadores acusados de robar y aliarse con el crimen organizado.
Al veracruzano lo agarraron en Guatemala y al tamaulipeco en italia, y sus capturas se lograron gracias a la actuación de agencias policiacas internacionales.

Antes que nada, no hay que sacar raja política de estas detenciones en tiempos de elecciones, y mucho menos andarnos con felicitaciones fuera de lugar.

Para evitar en serio que este tipo de personajes continúen haciendo de las suyas, hay que seguir la ruta del dinero, o como dicen los gringos: “follow the money”.

Esa es la única forma de conocer y desmantelar a toda la red de corrupción que hay detrás de casos como éstos, y que tiene convertidos a los estados de la República en las piezas rotas de nuestra democracia fallida.

¿Cómo es posible que Duarte haya podido crear y operar todas sus “empresas fachada”, o que Yarrington tuviera ocho guardaespaldas pagados con dinero público mientras andaba prófugo?

Hay muchas otras preguntas que quedan en el aire: ¿Dónde quedó el dinero robado? ¿quién lo ha manejado? ¿cuánto fue a parar a campañas políticas? ¿cuántos escándalos como éstos se están cocinando?

¿Acaso estas aprehensiones derivarán en un verdadero desmantelamiento de las redes de corrupción a su alrededor? ¿O simplemente serán casos de personajes caídos de la gracia del sistema, y que el gobierno intentará “vender” en su beneficio durante el período electoral?
En reiteradas ocasiones he comentado sobre las cinco C’s que conlleva el ciclo que da origen a la corrupción en México: Campañas políticas, Compra de Votos, Clientelas, Compadres y Contratos. Tras la detención de Javier Duarte y Yarrington, habría que añadir una letra C adicional: la de Crimen Organizado.

El sistema político, tal como existe ahora, es incapaz de dar las respuestas claras y contundentes que necesitamos, y así no hay país que avance. A los partidos políticos mexicanos se los devoró el dinero.

Aquí tan sólo un breve recuento de otros asuntos recientes, relacionados con gobernantes estatales que están o han estado sujetos a proceso, en alguna instancia nacional o internacional:

Humberto Moreira, Coahuila. Delitos de malversación y blanqueo de caudales públicos

Cesar Duarte, Chihuahua. Daños al erario público por 6,000 millones de pesos.

Roberto Sandoval Castañeda, Nayarit. El fiscal en su gobierno, detenido por presuntos vínculos con el Cartel Jalisco Nueva Generación.
Rodrigo Medina, Nuevo León. Delitos de peculado y daño patrimonial.

José Jesus Reyna, Michoacán. Vínculo con los Caballeros Templarios

Roberto Borge, Quintana Roo. Venta ilegal de bienes públicos.

Andrés Granier, Tabasco. Desvío de 1,200 millones de pesos.

Nadie puede afirmar que esta lista sea exhaustiva o definitiva. El fenómeno está presente en representantes de todas las fuerzas políticas a lo largo de la historia reciente. Por lo tanto, el problema es mucho más profundo y debe analizarse con mucho mayor detenimiento si es que verdaderamente busca corregirse.

Más que nota de coyuntura, los sucesos de esta semana deben servir para analizar las distorsiones que persisten en los gobiernos estatales, desde el endeudamiento extremo, la malversación de los recursos públicos, hasta la convivencia con la actividad criminal. Estas actividades van mas allá del comportamiento particular de un mandatario; se han convertido en un “modus operandi” que permea nuestro sistema político a nivel de entidades federativas.

Por eso el futuro se va a construir con proyectos independientes que logren hacer campañas con dinero mínimo, inspirando y no comprando a la gente.

Es la única forma de romper el círculo vicioso en que vivimos.