Levantemos salario, no muros

¿Te imaginas ganar catorce veces más de lo que ganas? Pues a ese nivel está la diferencia entre el sueldo mínimo de Estados Unidos y el de México

Levantemos salario, no muros

¿Te imaginas ganar catorce veces más de lo que ganas? ¿Qué harías? ¿Suena interesante, no?

Pues a ese nivel está la diferencia real entre el salario mínimo de Estados Unidos y el de México.

Y ésta es una de las razones principales por las que miles de mexicanos deciden emigrar, en busca del famoso “sueño americano” ¿En qué momento permitimos esta realidad?

A más de 20 años de la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, TLCAN, ¿qué papel como nación y Estado debemos asumir ante un escenario de renegociación?

La relación comercial y diplomática con EU y Canadá, no puede circunscribirse al astringente y populista discurso de Donald Trump, que busca desmantelar el andamiaje institucional y económico construido sobre las bases de un mundo globalizado, y que olvida los beneficios de una relación comercial que representa 16% del comercio internacional y 6% del PIB mundial. 

Sin embargo, hay que tener claridad de las grandes asimetrías que enfrentamos. Por ejemplo, en la concepción original del TLCAN, en la parte manufacturera, las ganancias del sector se han dado a partir de los bajos salarios en México. Actualmente, si comparamos los salarios mínimos de México y Estados Unidos, el diferencial en términos reales es 14 veces superior con el vecino país. Esta brecha es en gran parte responsable de que 12 millones de compatriotas vivan al norte del Río Bravo.

En caso de cumplirse la amenaza de una deportación masiva de una cuarta parte de esa población, no contamos con la capacidad institucional para atenderlos. Si se deportaran, digamos, a 3.5 millones de personas, nuestra tasa de desempleo aumentaría de 4% a 10% y, por otro lado, el mercado norteamericano tendría un déficit de mano de obra, que presionaría a la producción y elevaría los costos del mercado laboral, llevando a un menor crecimiento para EU y para la región en su conjunto.  

El Senado de la República tiene la obligación de resguardar las ventajas generadas en las cadenas de manufactura, que se constituyeron en este periodo histórico del TLCAN; pero también debe aprovechar esta oportunidad de evolucionar frente a los desafíos de la competitividad que exige la cuarta revolución industrial. Así que continuar con un tratado comercial, sin atender el fenómeno de la migración indocumentada y la divergencia salarial, no es el escenario óptimo. Mantener los costos de mano de obra como una ventaja competitiva es una falsa premisa. 

Dentro de los trabajos de la Operación Monarca, hemos hecho un esfuerzo para construir una red de defensa y gestión legislativa en defensa de una comunidad mexicana que radica en Estados Unidos, pero en el mediano y largo plazo, tenemos que atender las causas estructurales que han promovido este fenómeno laboral. Si bien es cierto que hemos avanzado en reformas constitucionales para elevar el salario mínimo e indexarlo con la productividad, como región comercial es insuficiente esta reforma si no se incluye claramente todo un Capítulo dentro del TLCAN, donde se incluya la convergencia salarial y la integración de los mercados laborales entre los socios comerciales que lo integran. En lugar de debatir sobre “muros inútiles”, esta es una solución de fondo a la migración indocumentada.

Tenemos que garantizar mayor integración y mejores niveles de crecimiento para todas las partes involucradas. No hacerlo así, es también un tipo de corrupción. Se trata de la corrupción moral y ética frente a la desigualdad social.

El día ayer, un grupo de legisladores de México y en paralelo en Estados Unidos -a través del senador Bernie Sanders- presentamos iniciativas en nuestros respectivos Congresos, para impulsar una agenda conjunta de diálogo, donde el tema prioritario sea incluir en el TLCAN la recuperación y convergencia salarial, con una gran visión de región competitiva en materia laboral.