Corrupción y lodazal, las marcas de la casa

Después de ganar la Presidencia, el PRI quiso mantener la misma estrategia para que la gente percibiera un gobierno bajo control, con gobernabilidad y con paz

Por David Olivo

El PRI-Gobierno ganó la Presidencia con pura percepción. La imagen que transmitía distaba mucho de la que arrastraban sus antecesores Roberto Madrazo y Francisco Labastida. Pulcro en su apariencia, el jefe del Ejecutivo supo ganarse el voto con base en muchos pesos, aquellos que cimentaron su camino a Los Pinos desde 2010.

Después de ganar la Presidencia, quiso mantener la misma estrategia para que la gente percibiera un gobierno bajo control, con gobernabilidad y con paz. Esa era su estrategia para garantizar otro triunfo al PRI en el 2018.

Sin embargo, la ambición desmedida de sus colaboradores, la ingobernabilidad y la violencia se le estrellaron en su humanidad y revelaron su verdadero rostro: un político limitado, física e intelectualmente; un presidente sin liderazgo y un dirigente priista sin control de su partido.

Uno a uno, comenzaron a estallarle los escándalos de corrupción. Lo mismo una casa blanca para su esposa, que un helicóptero para el titular de la Conagua o audioescándalos de corrupción de sus amigos empresarios. Reaccionó tarde cuando desaparecieron a 43 normalistas en Iguala en 2014 y es responsable de una verdad histórica que vulneró al país ante el escrutinio mundial.

Y lideró a la generación de la corrupción. El 1 de diciembre de 2012, ya consumada la trampa electoral, Peña posó junto a la legión de gobernadores priistas (hoy prófugos o procesados). De esa icónica imagen, Andrés Granier, Javier Duarte, César Duarte, Rodrigo Medina, Fausto Vallejo, Roberto Borge, Roberto Sandoval y Mario Anguiano forman parte del su club de amigos, todos ellos investigados, perseguidos o encarcelados por enriquecimiento ilícito.

El martes pasado, un nuevo escándalo sacudió los cimientos de Los Pinos, luego de que publicara el reportaje Capufe Leaks, contratos a la carta, de Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad, el cual demostró la filtración de información privilegiada para que seis empresas ganaran contratos multimillonarios para la construcción de carreteras.

El funcionario implicado es Mauricio Sánchez Woodworth, director de Infraestructura de Capufe, quien filtró datos reservados por ley a un conjunto de compañías para que pudieran competir con ventaja en las licitaciones. Su enlace fue Estela Vega Montaño. Su trampa ayudó a seis empresas a ganar contratos por 770 millones de pesos.

Otra pieza clave en este nuevo escándalo de corrupción es Roberto Ortega Reyes, delegado de Capufe en Morelos y hermano del encargado de la agenda del jefe del Ejecutivo, quien habría asignado contratos sin licitar.

Lo he dicho antes y esta vez lo sostengo. Esta administración será recordada por los actos de corrupción de su primer círculo de colaboradores.

De la mano de la corrupción llega la guerra sucia desatada en el Estado de México contra los candidatos de la oposición. Videos, audios, llamadas durante la madrugada para pedir que voten por Josefina, son algunas de las tretas utilizadas por el PRI-Gobierno para intentar retener el gobierno mexiquense, la joya de la corona en los comicios de este año, la antesala de la elección presidencial de 2018.

El PRI-Gobierno “Movió a México” ha niveles de corrupción nunca antes vistos, y aunque este es un gobierno fallido, ellos quieren seguir gobernando con pura percepción. Creen que la gente cree sus cuentos, que les cree sus promesas. Pero no se dan cuenta que Peña y el tricolor ya pasaron de la percepción a la decepción.

 

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