¿Qué postura debe tomar México en la renegociación del TLCAN con Canadá y EU?

El tratado ha beneficiado a los tres países, particularmente a Estados Unidos, país cuyo presidente presiona con fuerza a los demás a negociar con los dados a su favor

Por Mariana Gómez del Campo

La entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) tuvo implicaciones comerciales entre los involucrados y a nivel regional; al interior de nuestro país, la firma del tratado puso en marcha un nuevo modelo económico, cambió de forma radical el tamaño del sector externo de la economía mexicana pues la suma de exportaciones e importaciones pasó del 26 por ciento al 67.5 por ciento del PIB de 1993 a 2007; además, en materia de política exterior, permitió el relanzamiento de la relación con Estados Unidos basada en la coincidencia de intereses económicos de ambos países.

A nivel Norteamérica, el TLCAN impulsó una profunda integración de las cadenas productivas pues buena parte de lo que le permite competir a la industria de Estados Unidos con otras regiones como por ejemplo la producción automotriz, es el grado de integración con la industria mexicana.

Debemos tener claro que el TLCAN ha beneficiado a los tres países, particularmente a Estados Unidos, país cuyo Presidente presiona con fuerza a los demás a negociar con los dados a su favor. Cabe recordar que casi 5 millones de empleos estadounidenses están en riesgo de cancelarse súbitamente el tratado, sectores de consumidores resultarían perjudicados pues el 35 por ciento de las frutas y el 60 por ciento de las verduras que importan los Estados Unidos son de México.

Pero el TLCAN no sólo representa beneficios de forma bilateral, sino a los tres Estados Parte, pues sus miembros intercambian cerca de 2 mil 600 millones de dólares diarios, lo que significa alrededor de 108 millones de dólares cada hora; además, el valor de las importaciones de América del Norte se incrementó un 501 por ciento pasando de 53 mil mdd en 1994 a 319 mil mdd en 2015.

Sin duda existen muchos beneficios que no se alcanzaron, o no se aprovecharon, en los primeros 23 años del TLCAN; sin embargo, es innegable que la apertura que implicó en nuestra economía, cambió el rostro del país; en ese sentido, estoy convencida que el espíritu con el que México debe sentarse a la mesa con Estados Unidos y Canadá debe ser más de actualización del TLCAN que de una verdadera renegociación pues las recientes reformas estructurales aprobadas por el Congreso mexicano permiten que se incluyan temas que en 1991 se encontraban cerrados por nuestro país, como el sector energético, la inversión extranjera y las telecomunicaciones.

Si bien Donald Trump llegó a la Casa Blanca con un discurso antisistema cuya administración amenazaba con ser un huracán que arrasaría todo a su paso, la realidad ha demostrado que no tiene capacidad de negociación en el Congreso, pues tras más de 100 días de gobierno no ha cumplido a cabalidad sus promesas de campaña. Apenas ha podido anotarse una victoria con la desarticulación del llamado “Obamacare” en la Cámara de Representantes, por un estrecho margen de sólo cuatro votos, pero que en el Senado podría sufrir modificaciones.

Justo el Congreso representa el principal campo de batalla para Trump pues los legisladores republicanos serán a quienes tendrá que convencer antes de arremeter contra el TLCAN, pues sus principios a favor del libre comercio y ha quedado de manifiesto que la negociación y la concertación política no son el fuerte de Trump.

La reciente pugna comercial entre Estados Unidos y Canadá por el arancel del 20 por ciento impuesto unilateralmente por la administración estadounidense a la “madera blanda” canadiense, podría representar una oportunidad para que México y Canadá puedan presionar a Trump a ir a una negociación conveniente; lo que es crucial es terminar con la incertidumbre pues apenas el 25 de abril pasado, sus declaraciones provocaron que tanto el peso mexicano como el dólar canadiense se depreciaran, es hora de forzar a que se abandone la amenaza y vayamos al plano de los hechos que a los 3 países convienen.

 

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