Educadoras y educadores

La escuela es nuestra primera aproximación con el mundo social, la cual define la manera de relacionarnos lejos del amparo de la madre y el padre

Educadoras y educadores

Ahora que se aproxima el Día de las Maestras y Maestros vale la pena hacer una reflexión sobre la importantísima labor que les toca desempeñar a todos los involucrados en la educación de un ser humano. Obviamente en la cuna de los hogares se toman las bases de la primera infancia, y con eso, ¡todo el software con el que los individuos caminamos prácticamente el resto de la vida! Pero a la par de lo que aprendemos en la casa, tenemos otra fuente principal de formación e información: la escuela. Esa es nuestra primera aproximación con el mundo social y entonces define la manera de relacionarnos lejos del amparo de la madre y el padre; por tanto, quienes ejercen la maternidad y la paternidad deben estar muy alertas y pendientes de esta etapa fundamental para sus hijos: saber quiénes son sus maestras o maestros, por qué elegirán tal o cual sistema educativo, conocer el trabajo que hacen quienes se dedican a la educación, y no dejarles todo el peso de instruir a sus hijos, ¡no! esos valores se consumen en la familia, y no es justo ni adecuado dar el pase a quienes no les toca.

Por su parte, es muy importante que las personas a quienes les toca educar en las escuelas sean conscientes de que aunque hablen y teoricen, el ejemplo arrasa, y si éste con todas sus acciones no se alinea a lo que quieren enseñar, no sirve de nada lo aprendido en las aulas. Tanto madres y padres, como maestras, maestros y sistemas educativos, todos, forman parte de uno de los motores principales para el destino y la vida de los seres humanos recién estrenados en la Tierra: ¡por favor no lo desperdicien con inconciencia! La educación formal en todos sus eslabones tiene que evolucionar y adecuarse a los tiempos y al ritmo mental y emocional de las nuevas generaciones.

Ya no necesitamos que se formen más competidores sin sentido de la colaboración, ni individualistas sin sentido del grupo, ni consumidores sin sentido sustentable, ni conformistas sin pasión, ni intelectuales sin inteligencia emocional, ni idealistas sin dirección, ni románticos sin formación, ni filósofos sin dinero, ni vendedores sin empatía, ni comerciantes sin corazón, ni seres genuinos sin un espacio digno qué ocupar, ni imitadores sin discernimiento, ni dependientes ni co-dependientes, tampoco independientes, sino inter-dependientes; ni pobres seres que se sientan infelices sin la ropa, los accesorios, el auto o el tipo de vida de moda, ni seres humanos sin derecho a una sexualidad plena que no atraviesa por enfermedades o embarazos no planeados, ni generaciones que se acostumbren a lo fácil, a lo ajeno, a construir sobre desgracias ajenas; ni extremistas de género, ni discriminadores, ni violadores de derechos; ni futuros mentirosos que no acepten lo que es y lo que son, para algún día manipular la verdad; simplemente ya no requerimos más de eso. No es justo ni necesario para nadie.

Los escenarios de nuestro país y de nuestro mundo nos piden a gritos unos engranes de la educación totalmente renovados, frescos y con mucha mayor amplitud de conciencia para recibir y conducir a seres más libres, felices, alertas, genuinos y despiertos. La tarea que tienen mamás, papás, planificadores de la educación, maestras y maestros, es enorme, gigante, fundamental, ustedes lo saben. Si les pudiera pedir un gran favor, éste sería: conviértanse en aquello que quieren enseñar, no desvaríen ni se desvivan tanto en cosas tan complicadas, sencillamente sean congruentes y prediquen con el ejemplo.

 

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