Veleidad educativa

El Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología aglutina prácticamente todas las actividades que se acerquen a la producción científica y a los adelantos tecnológicos

Veleidad educativa
Por Ibero

Por: Marisol López Menéndez
En 2017, el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología sufrió un recorte del 23.3% con respecto al 2016. Entonces el director del Consejo Enrique Cabrero señaló resignado “…habrá que ajustarse” e informó que en septiembre del año pasado Conacyt contaba con más de 62 mil becarios, y que los recortes no afectarían sus programas prioritarios: el SNI, las becas de posgrado y las Cátedras Conacyt. En 2015 el Consejo había padecido otro recorte de 31%, aunque aún en esas condiciones el Consejo tuvo la posibilidad de otorgar poco más de 22 mil nuevas becas, cosa que no ocurrirá este año.

Cabrero recordó que el programa de becas del Conacyt ha crecido 31 por ciento en los últimos cuatro años: contaba con 46 mil 881 becarios en 2012 (en posgrados o especialidades nacionales y extranjeros) y 61 mil 572 en 2015.

El Consejo fue creado a principios de los años 70 del siglo pasado en un esfuerzo por activar la producción científica del país. A lo largo de sus casi cincuenta años de vida, sin embargo, se transformó en un elefante gigantesco que aglutina prácticamente todas las actividades que remotamente se acerquen a la producción científica y a los adelantos tecnológicos.

Esta política tiene el mérito de ser uno de los escasos ejemplos de políticas transexenales efectivas. Como ha dicho Ruy Pérez Tamayo, Conacyt representaba el reconocimiento estatal de la importancia del desarrollo de las ciencias duras, las ciencias sociales y las humanidades para el país. Este reconocimiento se hizo más patente cuando, desde 1998, el Consejo se propuso consolidar los posgrados nacionales. Aún con todos sus defectos y con la peligrosa tendencia a centralizar las decisiones relativas a la vida y muerte de los centros de investigación y docencia de posgrado en el país, la distribución del Producto Interno Bruto que el Conacyt efectúa para favorecer la investigación, hacía del modelo mexicano la envidia de muchos investigadores jóvenes y mayorcitos en otros países.

El recorte sufrido por el Consejo en 2017 ha sido planteado por el gobierno federal como una necesidad indefectible ante la perversidad de la administración Trump. En los hechos, el “apretarse el cinturón” generará graves consecuencias. Por principio, contar con un alto número de personas altamente educadas y subempleadas, que hoy ya no podrán estudiar un ciclo más.

El recorte pone en aprietos a universidades y centros de investigación que han fincado su existencia en la hasta hace unos meses sólida política estatal mexicana. Revertir de un plumazo el apoyo a la investigación no contribuye en nada a disminuir el rezago educativo que tan preocupado tiene al gobierno federal.